Por: Víctor Daniel López
< VDL >
Podrán señalarla de arriesgada. Podrán apuntarla con el dedo señalando que es un exceso de pretenciosidad. Podrán acusarla de intelectual. Incomprensible. Absurda. Criticar que es un tema del que ya se ha hablado muchas veces. Pero, en primera, ya no existe tema del que no se haya hablado nunca (eso lo sabemos desde hace mucho tiempo), pero entonces si se está hablando mucho de una cosa, ¿no resultará importante prestarle atención al mensaje? Y segunda, cuando te llamas Alejandro González Iñárritu, y tienes una filmografía vasta, diversa, original, y de primera calidad, en mi opinión, puedes ya hacer lo que quieras y hablar de lo que se te antoje.
Muchas obras de arte las criticaron por ser ambiciosas o por ser arriesgadas. En su momento, fracasaron; después, el tiempo las reivindicó. Pero todo aquello que de entrada es arriesgado, por ese hecho simple, merece reconocimiento. Ser diferente. Ser ajeno a lo que los demás hacen. Apostar por ir en otro sentido, en contra de las normas convencionales, y en específico, las que dictan la comercialidad en los productos de cine: la de Hollywood.
Recién se estrenó «Digger» en cines, y aunque algunos aplauden el fracaso en taquilla (siendo los mismos mexicanos que la pisotean), el discurso que está provocando va más allá de una simple opinión. Y justo eso quería Iñárritu: no pasar por desapercibida. Porque es un tema actual, sí, muchas veces aprovechado, pero que hoy, más que nunca, es importante retomar una y otra vez hasta que la gente y las grandes corporaciones y las empresas y todos los entes privados, sociales, y de gobierno, entiendan lo que está pasando en el mundo y la seriedad con que tenemos que tomarlo.
La premisa gira en torno al magnate de una empresa extractora de petróleo, Digger Rockwell, quien enfrenta no solo una severa crisis sino un desastre potencialmente apocalíptico debido a la negligencia y ambición por seguir extrayendo el recurso en Groenlandia, y ocasionando lo que será una colisión de una parte de este hielo antártico contra el continente europeo. Científicos, empresarios y el mismo presidente de los Estados Unidos se ven de pronto inmersos en una discusión por lograr el control cuyo resultado pueda ser el mínimo daño. Pero no lo hay. El daño ya está hecho y no hay marcha atrás.
A lo largo de más de dos horas se nos cuenta esta historia de una manera tan original que requiere atención en cada momento a cada línea, cada sátira en burla, a cada chiste, cada reflexión. Puesto que el guio, coescrito entre Iñárritu y Sabina Berman, está magistralmente elaborado, llevándonos de un lado a otro, metiendo el teatro dentro del teatro dentro de la realidad que habla allí dentro y acá afuera, por ellos y por todos nosotros. Las actuaciones son sublimes, y me arriesgo a decir que jamás había visto a un Tom Cruise como lo he visto en «Digger». La mejor actuación de toda su vida. El monólogo que se avienta, que dura cerca de diez minutos, simplemente es espléndido. Una actuación de primer nivel, con unas líneas potentísimas y de las que nadie puede salir blindado de reflexión. El clímax fue ahí, pero entonces, a partir de allí, la historia irá dando giros y giros hasta entregarnos un final que, si bien sabíamos desembocará allí, los últimos minutos no toman por sorpresa, al momento en que vemos alejarse la cámara y salir por el teatro enfrentándose a un mundo que fue real y que es a donde vamos, y que Iñárritu nos restriega: ya estamos ahí.
«Digger» es atrevida, sí. No es una película fácil, claro. Para aquellos que solo gusten de películas fáciles, con historias simples o de acción, este no será el lugar. Pero sí es una película necesaria, que, aunque cueste trabajo o no, estés de acuerdo con este cine o no, deberíamos todos mirar, y después, cada uno darse su propia interpretación y reflexión. En mi opinión, cinematográficamente hablando, es superior. Iñárritu, creo yo, es el mejor director de cine mexicano. El más arriesgado siempre, el más original, y cuyas películas tienen siempre los mejores guiones. Nos recuerda un poco a Birdman, por partes, pero otras salen de una mente que no habíamos tenido oportunidad de contemplar. Estoy seguro que si esta película hubiera venido de Asia, como «Everything Everywhere All at Once», otro resultado hubiera tenido en México. Pero bien dicen que un mexicano es el peor enemigo de otro. Además, de que hoy en día muchos radican su opinión desde su postura política. Pero una cosa es segura: el cambio climático no es de ninguna postura ni bando. Está aquí, y estamos viviendo ya sus consecuencias. No necesitamos que una parte de Groenlandia se estrelle contra Europa. Nuestros mismos continentes, nuestros propios países, se están ya hundiendo en pantanos de mierda, llenos de odio, producto de ambición, resultado de nosotros los hombres que nos hemos encargado de acabarlo todo, destruir la tierra, perder la cordura para perder el rumbo, el origen, y el diminuto futuro que nos resta.

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