Por: Erick Galvez Ayala
Con el aire sentía un suspiro rebozado,
una insensatez permanente,
ganas de nada para conservar la ansiedad.
No existía el murmullo, solo latidos lentos;
la pronunciación de palabras no era necesaria,
después de todo el silencio no es eterno.
Ahí había posibilidades dispares:
seguir en el camino, o cambiar el manubrio,
impactar la pared o recargarse en ella.
Eternas preguntas que alumbran el porvenir,
lo que más odiamos de la realidad
vienen con fantasías para que nada se pueda repetir.

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