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Catarsis en Cata
de Vino y Arte

Ciclo David Lynch: «The Straight Story»

Por: Víctor Daniel López
< VDL >

El viaje son los recuerdos y la imagen de lo que fuimos. Lo roto y lo amado. La vida es el camino, y no la meta, el andar mientras se colecta y se pierde. Uno cambia y se encuentra mil veces.

Hacer un viaje en una cortadora de césped desde Iowa hasta Wisconsin pareciera una extrema locura, pero a una edad en donde se ha pasado por todo, y entonces ya solo hay calma y sentimientos que resarcir, no es agobiante, sino al contrario, liberador. Así fue la historia real de Alvin Straight en 1994, quien decidió hacer ese viaje para llegar a donde su hermano y darle paz a una relación que hacía años estaba quebrada y enterrada. Así es la historia de la cual se basó David Lynch para su filme de 1999 representado por unas actuaciones sensacionales y elogiadas de Richard Farnsworth y Sissy Spacek. Una película que recibió la nominación a la Palma de Oro en Cannes. Quizá la obra más intimista del cineasta recién fallecido en 2025.

«The Straight Story» nos habla de la vejez, de cómo hacerse viejo no es tan malo, salvo de los fantasmas con los que cargas. Te da sabiduría, ves la vida de otra manera, por eso puedes hacer un viaje de más de cinco semanas en una cortadora de césped durmiendo a  la intemperie, entre los campos, prendiendo fogatas y bajo cielos repletos de estrellas. Hay calma, porque uno ya no tiene prisa, y lo que siempre se esperó ya ha pasado, y ya nada queda más que la muerte. Y es la muerte que anima a Alvin a emprender ese viaje. Su hermano, con quien lleva peleado y sin hablar por años, ha sufrido un derrame cerebral, y antes de que sea demasiado tarde, Alvin desea reparar el olvido y el silencio, volver a la familia, que es lo único que te logra sostener.

La obra está llena de escenas bellísimas, de fotografías por los paisajes de campos del norte, en los estados de Iowa y Wisconsin. Está repleta de silencios en donde los rostros tienen todas las líneas. Los diálogos, incluso se han comparado al estilo de Hemingway. Escenas conmovedoras en donde la experiencia y la sabiduría hablan y dejan una huella. Los otros con que se encuentra uno en el camino, y ellos, la bondad. Ese sentimiento recíproco que, cuando has sido benevolente, regresa a ti. Hay compasión y dolor, pero también esperanza y lealtad.

Más de quinientos kilómetros a recorrer, y en donde a través de ellos, pasa la vida. De la juventud a la vejez, con sus conflictos y bellezas. Una estupenda banda sonora de Angelo Badalamenti acompaña la cinta. Todo es suspiro, es reflexión. Son de esos alivios al alma, que nos acarician, nos consuelan, y nos hacen contemplar con asombro y encanto. Al final, el camino es lo que uno hace con él. Tener una dirección, pero entender el por qué. Hacer las paces con el pasado, y abrazar el presente, desde el punto en donde se esté.

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