Lo supimos desde el principio,
y aun así decidimos jugar…
El juego inevitable de las sombras del insomnio de verano, en donde las manos se confunden con dinosaurios, y los cuerpos con montañas de cristal.
Todo hielo es engañoso.
Resbaladizo.
Se quiebra.
Y uno cae al pozo oscuro y hondo.
No importó la fecha:
era febrero era julio era marzo.
Nos inventamos nombres
y nos pusimos apellidos de nubes de cuarzo.
Todo es efímero capaz de borrarse con el viento.
Y la verdad, una criatura que porta la máscara de la edad.
Todo es frágil:
la muerte, el silencio, el cambio.
Quizás no éramos lo que pensamos.
Quizás sí estamos lejos, ajenos, tan distantes.
Desde el inicio todo era negro,
luego vino la luz
(pero fue solo una ilusión;
seguían cerrados nuestros ojos).
En el principio todo era silencio.
Después, el verbo.
Luego: tú.
Ahora: nadie.
En el final todo sigue siendo silencio.
Y quedan las sombras, el silencio, el invierno.
Ya nada es un juego.
El reloj se detuvo.
Y la vida sigue en cuenta regresiva.
Víctor Daniel López
< VDL >

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