Hermoso relato corto de Mastretta que solamente consigue uno hacerse reconfirmar que se trata de una de las más grandes escritoras mexicanas contemporáneas. Con una prosa bellísima, y algo de influencia del realismo mágico, nos muestra la historia de una niña que deja su Veracruz natal para perseguir su sueño de ser bailarina y vivir para la danza. Así decide irse a vivir allá a la falda de los volcanes, que alzándose al cielo, a veces nevados, parecen eternos. Radica en Puebla estudiando en una academia para así lograr cumplir aquel sueño. Pero al irse haciendo mujer, se verá obligada a decidir entre la danza o el amor. Una historia de pasiones, poética como la leyenda del Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Dulce como el mole. Corta, pero grande. Sólo Ángeles Mastretta pudo haber escrito algo así. Hasta el título, bello: «Ninguna eternidad como la mía».
Víctor Daniel López
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