Por: Víctor Daniel López
«Ante la amenaza del fascismo, la música debe presentarse como canto a la libertad.»
Nacho Vegas
Piedra sobre piedra, y sin dejar de brillar. Y en medio de todas ellas, una malaquita, con su color verde esmeralda irradiando su luz para llevar a una transformación necesaria. Protegerse de todos los males, los internos, pero también los que habitan allá afuera, en el mundo actual, con sus problemas sociales y geopolíticos que nos están inundando en una era de tinieblas que nos recuerda a la de hace casi cien años.
Este es, quizá, el álbum más político de Nacho Vegas. «Vidas semipreciosas», porque entre tanta mierda, debe haber un poco de luz, y de esperanza. Entre tanto negro, el verde. La novena obra musical del asturiano, que desde el mar Cantábrico, nos comparte esta lucha colectiva, recordando en España los movimientos contra el franquismo.
La intolerancia está regresando, y una radicalización preocupante contra grupos opuestos o ideologías minoristas. La extrema derecha cada vez se hace más fuerte. En España, VOX retoma las ideas de Franco. En otros países de Europa, el neonazismo. Y en América, los grupos liderados por grandes figuras políticas peligrosísimas, en especial en Estados Unidos, Argentina, El Salvador y Chile. Los derechos humanos están en peligro, y ya no hay libertad de expresión. Hablas, te censuran; exiges, te encarcelan; piensas diferente, te matan. No te dejan regresar. Eres ajeno a tu patria.
Entonces, contra ello, y los valientes, utilizan el arma más humana y poderosa que pueda hablar: el arte. La música como palabra y como acto revolucionario. La letra como protesta. Así, Nacho Vegas, siempre ha venido haciéndolo desde el principio. Él mismo se declara un músico de izquierda, pero también ha confesado que no se trata de bandos, sino de luchar contra lo que de verdad hace mal. Y ahora, con las guerras, dictaduras, y todo lo que está pasando, el mundo se encuentra en un estado crítico, temblando por su muerte posible.
«Vidas semipreciosas», es entonces no solo una obra musical: es testimonio, memoria y resistencia. El título mismo alude a esa idea: las piedras semipreciosas simbolizan lo imperfecto y lo cotidiano, aquello que la sociedad no considera valioso pero que guarda una belleza irreductible. Sus canciones se mueven entre el folk contemporáneo, el indie y los arreglos de raíz popular, con cuerdas delicadas, guitarras desnudas y coros femeninos que crean una atmósfera casi cinematográfica. Pero el verdadero corazón del álbum está en las letras: una mirada crítica al presente político europeo y latinoamericano, atravesada por el ascenso del autoritarismo, la memoria obrera y las contradicciones ideológicas.
El álbum abre con «Alivio», un tono casi litúrgico. Un spoken word sostenido por cuerdas tensas introduce el tema central: vivir en tiempos sombríos donde cualquier placer se vuelve un alivio momentáneo. «Fíu» es una de las canciones más luminosas del álbum. Escrita como homenaje a la madre del músico, se convierte en algo más que un retrato familiar: es una genealogía política con folclore (dedicada a quien le debe su pensamiento antifascista). «Mi pequeña bestia» es una canción sobre la convivencia con los propios demonios: amor, deseo, culpa, fragilidad.
A mitad del disco, pasamos a «Vidas semipreciosas», en donde Vegas propone una reivindicación de lo imperfecto: las vidas comunes, las biografías invisibles, las historias que no aparecen en los relatos oficiales. Un respiro de esperanza, y entonces, tal vez, no todo esté perdido (vinimos para abolir las sombras, deslumbrándolas cada anochecer). «Llueven moscas» es una de las piezas más inquietantes del álbum, pues posee un contraste entre la melodía casi naif y la dureza del tema que crea un efecto perturbador; la canción habla del deterioro social: corrupción, descomposición política, una sensación de decadencia que se acumula como moscas alrededor de una herida.
«Tiempo de lobos» nos recuerda a los inicios de Nacho, con esa claridad en su voz, pero también con tono nostálgico. El slide de la guitarra nos hace querer ir al pasado. Estos son tiempos de lobos hambrientos, dispuestos a todo con tal de comer. Los coros nos hacen cuestionarnos sobre el final. «Los asombrosos» es una canción melancólica sobre la pérdida de la capacidad de sorprenderse. Nacho Vegas parece preguntarse: ¿qué sucede cuando una sociedad se acostumbra a la injusticia?
«Deslenguarte» es una estupenda canción que Vegas trae en colaboración con Albert Pla; una explosión irreverente que mezcla humor, provocación y blasfemia. Musicalmente es más teatral que el resto del álbum, con un tono cercano al cabaret político. «Les ales» es una reinterpretación del clásico vasco Txoria txori, en donde Nacho vuelva a cantarnos en asturiano. «Seis pardales» es una de las canciones más explícitamente combativas, en la que con la colaboración del performer asturiano Rodrigo Cuevas, mezcla tradición folclórica con crítica social. Y el álbum cierra con «L’acabose», un tipo de celebración, como si el final del mundo también pudiera ser un momento para cantar juntos; el tipo de final que Vegas domina: íntimo, crepuscular y profundamente humano.
Con tres interludios entre las pistas anteriores, Nacho Vegas nos entrega esta obra redonda, profunda, combativa y reflexiva. Con «Vidas semipreciosas», insiste en que la música puede ser un espacio de resistencia cultural frente al auge del fascismo y los discursos de odio, mientras nos ofrece historias: de madres, amigos, comunidades y recuerdos. Sus canciones están construidas sobre arreglos simples, donde la voz ocupa el centro y los instrumentos funcionan como paisaje emocional.
Este es un disco que no busca deslumbrar: busca acompañar. Es un álbum sobre la dignidad de las vidas imperfectas, sobre la memoria colectiva y sobre la posibilidad de resistir incluso en tiempos oscuros. Como las piedras que le dan nombre, estas canciones no brillan por su perfección. Brillan porque contienen, dentro de su grieta, una luz obstinada.
«Si soy piedra inmóvil y dura
elijo semipreciosura
y que ilumine esta función»
– Nacho Vegas


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