Por Víctor Daniel López
< VDL >
En el vasto viñedo de la literatura mexicana contemporánea, existen autores que producen obras de consumo rápido y otros que, como Mauricio Carrera, se dedican a la crianza de textos destinados a perdurar en la memoria. Con una trayectoria robusta, que incluye galardones como el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero y el Premio Internacional de Novela de Crímenes y Relatos Policiacos, Carrera se ha consolidado como un autor de «terruño» excepcional. Su pluma siempre transita con elegancia entre el ensayo, el cuento y la novela, bajo un rigor estético que busca proyectar pasión, creatividad y belleza en cada página.
En su más reciente obra, publicada por Fondo de Cultura Económica, «La derrota de los días», el autor mexicano nos entrega una pieza que se desenvuelve con la complejidad de un Gran Reserva, sumergiéndonos en una narrativa en donde va mezclando la realidad con la ficción, hasta tal punto de sumergirnos en una duermevela en donde no sabemos ya diferenciar, pero recordamos, homenajeamos, fantaseamos, y seguimos el ritmo audaz e intrépido de una historia que nos habla del cine mexicano, de la Revolución, de literatura, de la guerra en Corea, de amor y de reconciliación.
En esta obra, el tiempo no actúa como aliado, sino como un juez implacable que todo lo erosiona. La historia inicia con el rodaje de la película «El mexicano», en donde a partir de entonces, Joaquín Ríos y José Revueltas entablarán conversaciones que giran en torno a sus pasados. Los acompañamos, y nos vamos a la guerra. Pero también llegamos a pisar las huellas de grandes personajes literarios, ídolos de Carrera, como Jack London, Truman Capote, o Hemingway. La búsqueda se vuelve también una forma de encontrar la verdad en el arte, y las palabras. Grandes referencias a lo mejor del cine mexicano, pasando por los nombres de los mejores cineastas y actores. Y un espléndido pasaje que homenajea el «José Trigo» de Fernando del Paso, para volver a recorrer las vías del tren Crisantemo, siguiendo el rastro de Eduviges.
«La derrota de los días» es una lectura con grandes líneas y pasajes memorables. Pasa de la acción a la reflexión, y a veces a la poética. Consta de una prosa cadenciosa, donde cada palabra parece elegida por su peso específico y su capacidad de resonancia.
Al final, «La derrota de los días» se erige como una elegía sobre la inevitabilidad del fracaso y la resistencia del espíritu; reside en su capacidad para transformar la «derrota» en una forma de redención estética. Carrera nos enseña que, aunque los días venzan al hombre, la forma en que habitamos ese vencimiento es lo que nos otorga una estatura artística. Es el retrogusto de una existencia que, a pesar de su amargura, se paladea con la convicción de que solo a través del reconocimiento de nuestra vulnerabilidad podemos alcanzar ese éxtasis que nace de comprender nuestra propia finitud.


Deja un comentario