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Ricardo Velasco: Las casualidades y la disciplina de un gran artista gráfico y visual

Por: Pedro Corona

¿Por qué haces los que haces?

No sé hacer otra cosa. Desde la adolescencia he dibujado. Y lo sigo haciendo hasta este momento. Quiero seguir haciéndolo por mucho más tiempo, me gustaría que la gente me conociera…

Ricardo, me recibe en la Calle Astrónomos, donde tiene su estudio.

– Son tres pisos que hay que subir, no te vayas a cansar. -Me dice.
– Estoy con buena condición física. – Le respondo.

De complexión delgada, vistiendo ropa casual, juvenil, y su infaltable sombrero de fieltro negro que lo hace verse elegante, y que acomoda en repetidas ocasiones durante la entrevista.

Su estudio queda al fondo del departamento que comparte con otros dos artistas más. Algunas de las obras que visten y decoran las paredes son suyas, otras son regalos de amigos, incluso algún regalo de su profesor Oswaldo Hernández. Un estante de libros de arte, que atesora, contribuye a lograr inspiración en su trabajo y en la preparación de clases para sus talleres (este semestre imparte en el Museo del Chopo). Además de algunas piezas de escultura, hay una colección de miniaturas que lleva y trae para explicarme las proporciones y las sombras que existen entre los objetos para lograr una plasmación “más realista” en el papel.

Ricardo se mueve con soltura en el estudio, que cuenta con una amplia ventana por la que entra la luz y el aire fresco. El escritorio de buen tamaño resulta apropiado para dibujar. En repetidas ocasiones me confiesa: «estoy feliz en este lugar; es el quinto estudio que he montado y lo disfruto mucho».  Atento, vibra con su entorno, y como buen anfitrión, me ofrece un vaso de agua y pone algo de música, que generosamente comparte y se cerciora de que yo también la disfrute.

– Sin duda alguna cultiva el estar bien. – Afirma con seguridad. -Creo que tu lugar de trabajo debe estar fuera de casa, para que puedas realmente producir, ya que en el hogar tienes muchos distractores. Tengo un amigo que tiene el estudio en su casa, y con frecuencia está ocupado en actividades de su familia, que realmente lo agobian y le han impedido producir como él realmente quisiera.-

– ¿Cómo fue que te descubriste como artista?

– Nunca me habían hecho está pregunta. – Me confiesa con cierta sorpresa. -En la primaria teníamos una clase de dibujo, ya en la secundaria esa clase tenía evaluación, pero fue en 1994 cuando a mi papá, de profesión contador, lo despidieron del trabajo. Me sacaron del Instituto México y me inscribieron en el Colegio de Bachilleres que está en la Del Valle. Al cambiarme de escuela, me cambió la vida. Tenía compañeros que hacían más de una hora para llegar a la escuela; otros compañeros tenían 21 años, mucho mayores a la mayoría de nosotros. Todas esas situaciones me hicieron ver la vida diferente a la que yo estaba acostumbrado. Durante algunos años le reclamé a mi papá, pero fue en ese medio en donde sucedió una situación inesperada: tenía un cuaderno donde dibujaba y, en una ocasión, un compañero me dijo que le enseñara mis dibujos a otro. Al verlos, dijo que había una clase de Artes Plásticas, con horario intermedio. Días después, me llevó con el profesor Oswaldo Hernández, y en el salón, el profesor me indicó: «ahí están los materiales para que dibujes». Así era el modo en que impartía sus clases.

Y así comenzó el reconocimiento de mi capacidad en el dibujo. En ciertas ocasiones visitaba al profesor para conversar. En uno de aquellos encuentros, nos vimos en Chimalistac, y tiempo después, me enteré, que había ilustrado un libro escrito por Elena Poniatowska.

– Sin mencionarme nada al respecto, me di cuenta de que aparezco en una ilustración, sentado en una banca con mi novia. – Me muestra el libro. -¡Así iba vestido en aquella ocasión! Y esa fue una muestra de cariño que recibí del profesor.-

Me muestra, a su vez, un pequeño cuadro obsequiado por su profesor, con la firma en la parte posterior.

– Ricardo se sabe con situación privilegiada.- Lo manifiesta con voz propia, una y otra vez. -A pesar de reconocer que un artista la padece económicamente, otras personas tienen vidas más difíciles, tienen que desplazarse dos horas para ir a trabajar y dos horas más de regreso, y eso las hace infelices. En cambio, a mí me gusta caminar; no sé manejar automóvil.

Tiene en su haber una vasta obra: novela gráfica, acuarelas abstractas, y dibujos a lápiz en distintas medidas y proporciones. También ilustraciones eróticas, como atributo de su memoria fotográfica, además de esculturas con distintos materiales.

Dentro de sus planes a mediano plazo está publicar sus libros en el extranjero, realizar una película de larga duración, y hacer alguna estancia en el extranjero. Respecto a impartir clases, comenta con sinceridad: «no pienso llevarme mucho tiempo en ello». Admira a Wim Wenders, a David Lynch, entre otros.

– Tengo muchos planes y proyectos, me gusta reinventarme. – Afirma con seguridad. -Es un proceso que llevo a cabo cada cinco años; me muestra la multiplicidad del trabajo. Ahora estoy más consciente de las etapas de mi vida, y si tuviese ahora un accidente, estaría seguro de que hice mi mayor esfuerzo en esta profesión del arte.

Nos despedimos.
Le agradezco sus atenciones manifestándole mi admiración por su trabajo.

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