Nunca una película me había hecho sentir lo que «SIRAT» acaba de hacer conmigo. La película del nuevo protegido de Almodóvar, Oliver Laxe, que ganó el Premio del Jurado en Cannes, ha obtenido numerosos galardones, y tiene dos nominaciones al Óscar. Pero eso no es lo importante, sino que es una película que no deja ileso a nadie. Está en la boca de todos, porque quienes hemos sido víctima de ella en las salas de cine, nos destroza, nos hace salir con un vacío tan grande y con una sensación como si un tren nos hubiera pasado encima.
¿Qué acabo de ver?, preguntas cuando al fin reaccionas. Y te duele el cuerpo, te duele todo. La sala de cine a la que acudí estaba paralizada; al finalizar nadie pudo moverse, se hizo un silencio abismal parecido a la muerte. Absolutamente nadie se levantó, porque no podíamos. Nos encontrábamos procesando lo que recién acabábamos de haber visto. Duramos todos los créditos sentados, esperando. Hasta que terminaron, y entonces poco a poco fuimos reaccionando. Costó trabajo, pero salimos, aunque con un peso encima difícil de describir o explicar.
Y es que SIRAT es una experiencia cinematográfica que te hace despegar del asiento para adentrarte en la historia, con su banda sonora que es un elemento clave en el suspenso y en el terror del camino que significa el propio nombre de la película. Peligrar en la línea delgada entre el infierno y la salvación, según el islam. Sentimos la historia como si fuese nuestra. Nos hace querer gritar, llorar, sacarlo todo, decir qué putas, qué carajo, ya no me hagan sentir más. Te lleva al límite de una manera tan seductora que ni te das cuenta que tú también estás metido en el desierto buscando algo que ignoras, pero lo buscas desesperadamente.
La historia se centra en la llegada de un padre con su hijo a un rave que se ha organizado por días en el desierto de Marruecos. Buscan a la hija perdida desde hace meses, que escapó de su casa, y les dijo que solo allí podrían encontrarla. La búsqueda de la hija. No más. Y la música electrónica en medio de un rave que vivimos y que se potencia conforme avanzan los hechos. El padre y el hijo se unen al viaje de unos turistas que buscan el siguiente sitio en donde habrá la siguiente fiesta. Y entonces, todo el filme se centra en ese camino, esa búsqueda, en ese avanzar por el desierto en medio de una guerra que está estallando y, que se hace referencia, es la Tercera Guerra Mundial. La lectura política y social, el reflejo de nuestros días. El pronóstico de los años venideros. El camino que nos lleva hacia ese futuro que estamos viendo cada vez más cerca y queremos ignorar. El terror de estar perdidos en un mundo de oscuridad.
El camino se vuelve insoportable. El viaje te hace sentir un estrés como nunca: entre los barrancos y los ríos por donde no pasa el carro, los atascos, las lluvias y las tormentas de arena. Y, de pronto, un suceso inesperado, una escena con la que Oliver Laxe marca un parteaguas, no limitándose en ser un director despiadado. Te rompe, te hace saltar. Quieres gritar. A partir de allí, la mitad de la película te irá aplastando más y más y más… hasta hacerte polvo.
Hay un momento en que ya no quieres seguir viendo más, deseas que acabe ya. Pero ahí sigues, porque te han hecho ser parte del viaje. Es imposible ya desprenderte. Y entonces, terminas lo que empezaste. Pero terminas mal. Podría aconsejar que entonces nadie vea esta película, pero es que se tiene que ver. Es una obra maestra, una experiencia que nunca el cine había hecho sentir. Una película en la que solo dos son actores verdaderos; el resto, son ravers reales que el director sacó durante su estancia en Marruecos. Esta es una historia que habla sobre la pérdida y la búsqueda. La religión y la guerra. El desierto por el que todos andamos, y entonces, aunque seamos muy diferentes los unos con otros, más vale ser humanos, acompañarnos, ayudarnos. SIRAT también habla sobre las emociones, y se adentra tanto en ellas, que hace sangrarlo todo. Habla sobre el camino que muchas veces andamos, por el que nos perdemos, en donde encontramos a otros. Un camino que a veces es terror, pero otras, con coraje, puede ser salvación.
SIRAT, sin duda, es una de las mejores películas de la última década. Hace justamente lo que debe hacer el cine: incomodarte, asombrarte, conmoverte… sentir. Solo eso: sentir lo que ya hay dentro de uno, y enfrentarlo, para sacar lo que se ha escondido en las sombras del desierto.
Víctor Daniel López
< VDL >

Deja un comentario