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«Gigante Tour» de Leiva en el Auditorio Nacional

Sin duda alguna, Leiva se ha ido posicionando como una de las figuras más importantes del rock español. En México vivió un tiempo en la costa de Oaxaca, y luego, en la Ciudad de México, por donde se paseaba en bici disfrutando de ese caos y ruido que forma una amalgama de musas para artistas que, con lo que miran, crean; y con lo que sienten, expresan.

A México, Leiva ha llegado con pasos firmes, GIGANTES. Esta, su segunda vez presentándose en el Auditorio Nacional, llega con la gira de su álbum hasta ahora más redondo y en donde muestra un gran talento musical y en composición: «GIGANTE».

El espectáculo abrió con un mosaico visual y musical, mostrándonos un viaje en auto mientras la banda salía a ocupar sus lugares. Los integrantes iban vestidos con atuendos que evocaban los setentas y guitarras que olían a carretera. Leiva, con camisa floreada y su sombrero inconfundible, caminando en el espacio como si pintara el aire con sus palabras.

El concierto arrancó con la descarga eléctrica de “Bajo presión” y “La lluvia en los zapatos”, un inicio potente que dio pie a una noche en donde a partir de entonces ninguno nos íbamos a volver a sentar (algo ya difícil de vivir en los conciertos). Todos de pie, bailando, coreando cada una de todas las canciones, así fue durante las dos horas siguientes. Sin un descanso, chicos y grandes, y una comunidad española que se había ido a reunir allí casi como en un acto de comunión nostálgica por su país.

De pronto, en medio de la noche, las luces se atenuaron para vestir el momento de “Flecha”, mientras Leiva, bajo un haz de luz, compartía desde la honestidad: había considerado cancelar este concierto por problemas vocales, pero el amor por México pudo más, dijo, «fue un ancla». Lo coreamos, le gritamos, en una ovación le dimos nuestra voz y garganta para que con ellas pudiera cantar. Entonces, la magia en la noche cayó; nada importó, más que el rock, la cerveza, el baile, y una música que electriza desde las entrañas hasta salir por los poros de la piel, convertida en notas síncronas con la realidad común que todos compartíamos (eso es la experiencia de vivir un concierto).

Pasamos por «Lobos», «Superpoderes», «Terriblemente cruel» y «Sincericidio». «El polvo de los días raros», canción que se ha vuelta la favorita de muchos», nos llegó al corazón, y, con lágrimas, con gritos, dejamos que toda esa añoranza y los días raros, pero felices, entraran al cajón de lo más íntimo de nuestras emociones. Todos fuimos coro, todos hechos polvo. Recordamos ese olor que se esparció por la ciudad (cada uno, su olor; olía demasiado a ti).

Llegamos a «Ángulo muerto», y luego, entonces, entramos en un shock de adrenalina. Ximena Sariñana fue invitada a cantar «Histéricos», y el público la recibió y despidió con euforia. «La llamada» y «Diazepam» siguieron. Y luego, un acústico «Vis a vis», con una parte a capela, tan íntima y desgarradora, que de nuevo nos hizo llorar, empezando Leiva solo en el escenario, ausente de su banda, tan solo con su guitarra; y hacia el final de la canción, sus compañeros de ruta entrando, acomodándose, y dando un cierre magistral y emotivo a la canción. Fue imposible que no se erizara la piel.

«No te preocupes por mí», nos cantaba Leiva, y después Pereza con «Como lo tienes tú». La estrella polar bajó para que la pudiéramos tocar, y nos llevó a encontrarnos de nuevo con aquella Lady Madrid.

Había terminado. Pero hubo una caída libre primero, antes de desfallecer. Y entonces, un recordatorio: «¡Hazlo! Como si no supieras que se acaba, como si fueras a morir mañana«. Había terminado, nadie nos quisimos ir. Casi nos desalojaron que obligados. Afuera del coloso, la comunidad española armó su botellón. Parecían Las Fallas, parecía San Xoan, parecía un Sanfermín. Los toros eran jóvenes aquella noche, y todos lo éramos, porque la edad había desaparecido para todos. Nos fuimos cantando, llenos de electricidad hacia un vértigo al que, una vez dentro, ya no sales ni aunque quieras.

Leiva conquistó México, hizo vibrar el Auditorio. Y la próxima, será aún más grande, seguro. Se está convirtiendo en todo un GIGANTE.

Víctor Daniel López
< VDL >

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