Por Erick Gálvez Ayala
Suban las llamas al cielo,
derrumben edificios con explosiones intencionales,
hagan un hueco profundo en el suelo:
tiren todo porque no pienso rogarles.
Confiesen sus pecados más perversos;
millones de juglares rondando el desierto.
Ya no importa nada, solo los extremos,
bajen las nubes al mismo infierno.

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