Rafael Marín es uno de los escritores españoles más influyentes e importantes dentro del género de la Ciencia Ficción. Su narrativa combina la poética con su visión futurista, a veces catastrófica, otras esperanzadora. Este año publicó «Lágrimas de luz», editado en México por Fondo de Cultura Económica, novela en que nos lleva a un futuro lejano en donde la poesía, la memoria y el poder se enfrentan en silencio.
La historia gira en torno a Hamlet Evans, un poeta que es enrolado en una misión a otro mundo, lejano y tan distante al nuestro, para lograr la supervivencia en una era, la Tercera Edad Media, en que el mundo actual está en decadencia. Así, la palabra será un arma para explorar, para llevar y traer, para crear. Una lucha que se figura entre los social y espiritual, en donde la humanidad tendrá que buscar más bien dentro de ella para hallar respuestas.
En sus páginas vemos mucha acción, entre cortada a veces por capítulos y pasajes más poéticos y filosóficos. Tal vez allí radica su defecto, el argumento no termina por encajar, y aunque está lleno de buenas intenciones, no despega nunca para de pronto hacernos adentrar en un viaje de conquista, de amor, y de alusión a las artes.
Con «Lágrimas de luz», Marín sigue proponiendo una ciencia ficción profundamente humana, donde el futuro sirve como espejo del presente. Entonces, e conflicto central no es tecnológico, sino espiritual: ¿qué lugar ocupa el arte en un mundo que solo valora la utilidad?, ¿qué puede salvarse cuando todo parece estar controlado?, ¿hasta dónde puede llegar una voz cuando se le obliga a hablar desde la sombra?
«Lágrimas de luz» es una novela sobre la fragilidad y la persistencia. Sobre cómo la belleza puede convertirse en un acto de rebeldía. Un libro que narra una historia, sí, pero que también reflexiona sobre el poder de la palabra y su capacidad para iluminar incluso en los escenarios más oscuros.
Víctor Daniel López
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