Lo que empezó siendo una de las series más originales y cautivadoras de Netflix, con ese homenaje al cine de los ochentas, al terror de esa década, a Stephen King y a la ciencia ficción, está dando uno de los peores desenlaces en la historia de la televisión. Lo que antaño fue una de mis series favoritas, que tanto disfruté, y que con sus tres primeras temporadas nos trajo la comunión de la nostalgia y el suspenso, haciéndonos querer más, enamorándonos de sus personajes, haciéndonos reír y llorar, lamentarnos de haber crecido tan rápido, y disfrutar de grandes referencias cinematográficas y literarias, ahora se ha convertido en un somnífero capaz de ayudarnos hasta en las peores noches de insomnio. Y es que, simplemente, es aburrida, es ilógica, es desesperante… es una porquería.
La quinta temporada de Stranger Things, innecesaria, estrenada apenas hace unas semanas, generó una de las más grandes expectativas de los productos de Netflix. Aspiraba a tener un gran final, digna de su encanto anterior, y suponiendo nos iba a regalar un cierre perfecto al ciclo. No sucedió así. Todo lo contrario. La historia se volvió totalmente inverosímil, absurda, y hasta arrogante Y es que el mayor defecto es su guion, que al no saber cómo extender la historia, optaron por dar círculos sobre los mismos círculos de la temporada anterior, que ya demostraba la carencia de originalidad y talento.
Además, son capítulos largos, tediosos, que uno necesita verlos por partes, porque se cae de sueño. Carecen absolutamente de alma, los personajes, que, aunque crecieron, no se demuestra así, se les ve estancados, sin fuego, con líneas absurdas y chocantes que solo hacen que nos hartemos de ellos. Casi todos los personajes resultan fastidiosos, caen mal, y es que pareciera que están ahí sólo por obligación. Ya no se les nota la comunión entre ellos, el círculo de amistad a la «Stand By Me» o a la «IT» ha desaparecido. Ya sólo vemos moldes tratando de encajar en algo que ya no tiene forma, como los Demogorgon que también ya dejaron de impactar y de dar miedo.
La banda sonora que antes congeniaba muy bien, también desapareció. Las escenas contemplativas y las escenas emotivas, desaparecieron igual. Ya todo es acción, y una acción insubordinada que no sabe qué línea narrativa seguir. Las acciones se traicionan, y hay muchísimos hilos sueltos e incongruencias. Además, Los Hermano Duffer nos han demostrado algo, que leí en otra crítica: son tremendamente cobardes para matar a uno de sus protagonistas. Y entonces, insultan nuestra inteligencia. Con esta temporada, vemos la realidad: son blandos, son sumisos, y son complacientes con las cláusulas de los contratos de Netflix. Simplemente, nos han decepcionado a lo grande.
Stranger Things debió terminar en la temporada 3, que, sin duda, fue la mejor de todas, y ya había tenido un cierre perfecto y emotivo. Ahí debió terminar, parar todo. No desgastarla hasta dejarla sin alma, sin corazón, y sin pies. Es triste cómo terminó, pues, aunque afirmen es su más grande producción y con una inversión multimillonaria, el resultado no miente: es un producto hueco y tedioso; un engaño disfrazado de Demogorgon.
Víctor Daniel López
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