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Catarsis en Cata
de Vino y Arte

Reseña de la obra de teatro «La cumbia en el pantano»

Por Coral Altamirano

Una tragicomedia presentada por la CNT que se estará presentando en el Teatro del Bosque Julio Castillo hasta el 14 de diciembre. Entre los temas que expone esta puesta en escena se pueden encontrar el existencialismo, la crisis del sistema educativo, el sindicalismo y el desafío que supone enfrentarse al poder. La trama nos conduce de la mano de sus personajes a través de un cúmulo de crisis que se avecina para los habitantes de El Pantano: la escasez de agua que enfrentan los inquilinos de uno de sus edificios, las diferencias de conciencia de clase como la que expone Rosita en su relación amorosa, y las revueltas políticas ante la inacción de las instancias gubernamentales que, consecuentemente —como se repite a lo largo de toda la historia en Latinoamérica— terminan en la represión violenta de los insurrectos.

En los primeros minutos de la obra, la administradora del edificio, Refugio (interpretada por una de las mejores actrices que México ha tenido, Julieta Egurrola), se pregunta si es su deber, su propósito como persona, realizar el trámite que necesitan para que la alcaldía restablezca el servicio de agua, o si bien, tendría que estarse ocupando de sus propios asuntos, de las cuentas que tendrá que rendir y, sobre todo, a quién le tendrá que rendir esas cuentas. Una frase que plantea al público un momento de reflexión. El tono cómico reblandece las preguntas más crudas a las que se puede afrontar el ser humano. Y es así como los diálogos de los personajes se construyen entre intercambios serios y dramáticos, pero también entre risas y una buena dosis de sarcasmo.

Uno de los grandes personajes, el burócrata representado por otro gigante, Daniel G. Cacho, entabla conversaciones con la administradora en las que, con perspicacia y astucia, logra provocar a quien se presenta como una simple ciudadana. Sus argumentos, muy bien construidos, logran contradecir la causa de su interlocutora. Por lo que pude sentir entre el público, estos planteamientos resultan tan convincentes que, además de arrebatarnos una buena carcajada, en el fondo también nos cuestionaron sobre privilegios tan normalizados como el llegar a dormir bajo un techo y poder comer tres veces al día.

La obra, con una estupenda dirección escénica, colorida, y que va de la mano con la música de cumbias tocada por una pequeña orquesta en vivo, continúa analizando la condición humana también en una relación que sostienen dos policías, y en donde en uno de sus diálogos, uno de ellos interroga al otro sobre sus límites en lo geográfico, lo filosófico y lo moral. Más tarde, su compañero responderá al último aspecto de forma concreta, lo que sumará otro factor para el desenlace de la obra.

Otro personaje que se presenta es el dios mexica Tezcatlipoca, que representa también a un gran abogado que da guía a los insurgentes y que, más allá de su papel como consejero, aparece como un espejo de aquellos que se acercan con actitud suplicante para buscar deshacer lo que ya está hecho y marcado por el destino.

Resulta evidente que, tanto la escritora y directora de la obra, Aurora Cano, como los actores y músicos que nos presentaron este proyecto, tienen conciencia del ambiente político que se vive en el país, por lo que no son ajenos a presentar una reflexión sobre la tragedia que se representa en escena y nos invitan a participar en un cierre festivo donde el baile es el protagonista, acompañado de una música que a todos los que conocemos la cumbia nos contagia de alegría. Y es que, al final, para eso queremos seguir vivos un rato más, para bailar y gozar.

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