He dicho ya muchas veces que la Compañía Nacional de Teatro ha venido haciendo un trabajo extraordinario en los últimos años. Nuevas propuestas, gran calidad, relecturas originales, nueva dramaturgia y el rescate de obras antiguas y clásicas. Esta no es la excepción. El nuevo «Proyecto Espiral», bajo la dirección de Gabriela Ochoa, pretende retomar los clásicos griegos para recrear las principales tragedias y mitos entorno a la Guerra de Troya.
«Ifigenia en Áulide» de Eurípides es el primer número de la tetralogía de este gran proyecto. La tragedia en torno al sacrificio que debe de hacer Agamenón para poder llegar a Troya y ganar la guerra: asesinar a su propia hija, Clitemnestra. Entonces, Áulide, el punto de partida para la salida a Troya con la armada griega es el escenario en donde ocurre la disyuntiva a la que se enfrenta Agamenón: seguir las órdenes de los Dioses y aceptar el destino, o dejarse vencer por el amor a su hija y salvarla. Un mundo entre dioses y hombres, pero de eso trata, al fin y al cabo, la mitología griega. La ética y los valores. Una y varias moralejas en cada mito, en cada tragedia. De ahí que renazca el teatro griego, de ahí que se siga hablando de lo que hace dos mil años se hablaba. Porque todo trata de lo bueno y de lo malo, de nuestros destinos, de la carne y el alma, de lo que estamos hecho, las emociones y los pensamientos que aturden nuestras decisiones.
La guerra se siente en el escenario. No ha comenzado aún, pero ha comenzado. La representación respeta la versión clásica, con textos leales, y frases potentes; esa poética en canto, el coro y las tres gracias. Aunque simplificada esta versión, que se reduce a una hora, la propuesta es maravillosa, con un gran trabajo de edición, pero también de dirección escénica. El vestuario y la escenografía están fenomenales. Y la calidad actoral, de igual forma, como lo han venido demostrando en los últimos años dentro en una curaduría sensacional y aplaudible.
Así, en «Ifigenia en Áulide», retomamos uno de los clásicos griegos para sentirlo, valorarlo, y reflexionar en sus mensajes adaptados a la actualidad de nuestras sociedades. Y es que esta puesta en escena de Ochoa, fiel a su estética visual y a su dominio del símbolo, construye un lenguaje teatral de gran fuerza poética, donde cada gesto y cada silencio se convierten en un pensamiento escénico que hace cuestionarnos sobre la ambición y el poder que sigue gobernando los corazones de cuantos manejan el mundo. Este es el primer número de la tetralogía. Y ya está el segundo también representándose: «Más vale morir», a partir del Agamenón de Esquilo, y con la dramaturgia de Amaranta Osorio y Jorge Volpi, adaptándola en un contexto contemporáneo del país en donde el narcotráfico y la violencia azotan cada rincón. Pronto esperamos verla, esperen nuestra reseña.
Víctor Daniel López
< VDL >

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