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Catarsis en Cata
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Silvana Estrada: Tenemos una nueva Chavela Vargas

Una voz que tiembla para quebrar el corazón. Su sonrisa. Los gestos que hablan del dolor o de amor. Y una mirada bella. Irradia música e irradia belleza. Una energía tan bonita que trasciende los sentidos, convertida en composiciones que nos hablan de lo que los sentidos y el alma capturan, guardan, y conservan para siempre. Silvana Estada es la nueva voz que está rompiendo corazones, y que está saliendo del estadio, llegando lejos, a todos los rincones.

Recién en los días pasados sacó su segundo «Tiny Desk», y esta vez en el verdadero, en Washington. Previo a sacar su nuevo álbum, «Vendrán suaves lluvias», Silvana Estrada invoca en esta sesión a los espíritus del huapango, del bolero y de la poesía hecha canto. Con su voz dulce y desgarradora, va tejiendo emociones que van desde la ternura hasta el desangrarse más íntimo, en una presentación que vibra con la fuerza de lo auténtico. De esa forma, transformó ese espacio mínimo en un altar sonoro donde el amor y el dolor se confunden, y donde cada palabra parece tener alma propia.

Originaria de Veracruz, Silvana ha forjado su propio camino con una mezcla de sensibilidad lírica y raíz popular. Su formación en jazz se une al pulso del campo mexicano, creando un sonido que trasciende géneros. «Canciones como “Te guardo” o “Carta” no solo revelan su talento compositivo, sino su capacidad de hacer de lo íntimo una celebración colectiva, de lo frágil una bandera. «Como un pájaro» abrió la sesión, haciéndonos asomar las primeras lágrimas frágiles que vienen del recuerdo. «Good luck, good night» es una explosión musical, también llena de dolor, con un jazz delicioso, y su voz que hipnotiza y quiebra, seduce y nos lleva a la muerte, sólo para volver a regresar. «Si me matan» es un canto a todas las mujeres asesinadas cada día en México, partiendo el corazón de todos. Y el gran cierre, «El alma mía», aquella que nos hacer sacar el llanto en marea, con esa poesía y ese coro mudo, y la guitarra y el canto a lo Caetano Veloso, que nos recuerda. Cuatro canciones, que bastaron ellas solas, para llevarnos al límite de lo que se puede sentir.

Y es que, además, en su interpretación hay claramente ecos de Chavela Vargas, esa otra mexicana de corazón universal que también hizo del canto una confesión. Pero donde Chavela ardía en el exilio del alma, Silvana florece en la introspección luminosa. Ambas, sin embargo, comparten el mismo sino: cantar el amor como quien lo pierde, y el dolor como quien lo honra. Estrada no imita: continúa una estirpe. Y podemos afirmar hoy: Es la nueva Chavela Vargas de México. Lo que le espera, y lo que nos espera a nosotros con su música y canto.

Este Tiny Desk fue una carta de amor al México profundo y contemporáneo, un canto que resuena en quienes aún creemos que la música puede sanar. En cada verso, Silvana pareció decirnos que la belleza sigue viva, que el folclor respira, y que en la vulnerabilidad, como en la vida misma, hay una forma secreta de eternidad. La belleza sigue viva. La belleza de estar vivos. Y sentir, lo bueno y lo malo… pero sentir…

Víctor Daniel López
< VDL >

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