Por: Erick Gálvez Ayala
sus ojos se juntaban en el tiempo
se refugiaban en los parpados de la imaginación
y tras los árboles angustiados de lluvia
estuve pensando en alguna canción
«aleluya» fue la recordada
algo intacto que nos refugiaba en la misión
un caballero lo vislumbraba
y los ateos suelen llegar a creer
¿o es tan solo una ilusión?
después vino a mi mente
aquella sinfonía de destrucción
ese cambio estridente
que trajo los gritos del horror
las cosas de la vida que no puedo encontrar
fueron las palabras de seducción
nadie puede oírnos
cuando escondemos nuestro temor
entonces dijo dios
que puedes ser siempre joven
ser virtuoso y soñar
con una longitud eterna
ser un canto y no dejar tampoco de cantar
el empeño que todos ponen
en el futuro viviendo el presente
sin temer a la caverna
ahí fui cuando recibí al jefe
él no podía esperar únicamente
hay que correr cual gacelas
salir a conocer nuestro destino
no podemos detenernos
el saxofón unía nuestros delirios
una oda al riesgo se entendía vagamente
correr para perseguir ese destino

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