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Reseña del libro «Avenida 10 de julio» de Nona Fernández

“Avenida 10 de julio”, de la escritora chilena Nona Fernández, y publicada en México por Fondo de Cultura Económica, es una novela hecha de fragmentos que, al irse uniendo unos con otros, recreamos la figura del dolor y el rostro del recuerdo. Como un espejo roto en donde cada pedazo refleja una pérdida distinta. Como un rompecabezas en donde cada pieza, alejada de las otras, se sumerge en la soledad y la tristeza.

Una novela corta, pero magistral. Por su calidad narrativa, la construcción de sus personajes, y el tempo que lleva un ritmo que sigue avanzando, aunque a veces se retroceda, y nos hace cuestionarnos, pensar, querer saber más. La historia gira en torno a Juan y Greta, quienes en su juventud fueron compañeros de liceo y militantes de los años ochenta. Ambos idealistas que soñaban y luchaban, desde donde podían, por una patria distinta. Dos décadas después, la vida los empujó por caminos diferentes: él, cansado de la rutina y de sí mismo, abandona su trabajo, su auto y su rol de hombre funcional; ella, devastada por la muerte de su hija, recorre la Avenida 10 de Julio buscando las piezas del furgón en que la niña perdió la vida en un accidente, como si en cada tornillo y en cada fragmento de metal pudiera reencontrar algo del amor que se le fue.

En ese paisaje urbano y emocional se despliega la novela: talleres mecánicos, autos desarmados, calles húmedas, calles grises, y calles viejas, de la mano de recuerdos que crujen como fierros viejos. Porque del dolor y la soledad, como de la ansiedad, nunca es fácil salir ni escapar. Así, Nona Fernández escribe este drama que es todo menos fácil, que nos conmueve, y hace adornar con su prosa y lenguaje tan única de ella.

La obra, por igual, nos habla del pasado político de Chile: su dictadura y una promesa traicionada de la democracia. Sus sombras deambulan por las páginas, y fue fruto de una revolución, además de social, personal, para todo aquel quien la vivió. Las heridas colectivas laten en la intimidad de los protagonistas, como si la historia del país y la historia de sus corazones fueran una sola. Así el pueblo chileno, así Juan y Greta, y sus posteriores parejas. Así nosotros. Y, sin embargo, entre tanta pérdida, asoma la ternura: esa esperanza en la posibilidad de un abrazo, o simplemente de una palabra de aliento.

Leer Avenida 10 de julio es enfrentarse a la fragilidad de la existencia, a la memoria que insiste, y a las piezas sueltas de lo que fuimos. Es una invitación a aceptar que lo roto también puede brillar, y que a veces, sólo a veces, armar de nuevo el pasado es la forma más honesta de aceptarlo para poder seguir vivos.

Víctor Daniel López
< VDL >

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