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«Camina o muere»: Adaptación cinematográfica de «La larga marcha» de Stephen King

Con Stephen King, nunca se trata sólo del terror. Siempre hay algo más. Y a veces, o más bien muchas, se trata del amor. Jamás imaginé que una de sus novelas más difíciles de llevar a la pantalla, sucediera. «La larga marcha», una de sus primeras novelas que incluso aún escribió bajo su pseudónimo Richard Bachaman. Casi como uno de los «juegos del Calamar»: camina, hasta que ya no puedas más. Sólo un ganador, el resto, pierden. Pero esta historia tiene mucha más esencia que la serie coreana, tiene más sentimiento, y es mucho más humana. En el filme, reducida y alterada un poco, vemos a cincuenta competidores: uno por cada estado de los Estados Unidos. Desde el inicio, saben que, si no resultan ser el único ganador, morirán, porque si violan las reglas, o se dejan vencer por el cansancio, serán asesinados. Y entonces comienza la larga marcha, pasado por cientos de kilómetros, cayendo en el camino jóvenes que han arriesgado sus vidas por obtener un sueño (distinto para cada uno), un deseo que se resume al dinero, a la libertad, o al olvido.

Esta adaptación cinematográfica comienza lenta, dudando un poco de su resultado, pero conforme avanzamos los kilómetros, se levanta y recupera una fuerza brutal que llega a conmocionarnos tan honestamente, en especial con tres escenas específicas. Y es que la trama, en el libro y en la película, trata de algo más allá que ese cruel y despiadado maratón: trata sobre las cosas que nos hacen humanos, nuestros miedos y lo que nos motiva a salir adelante; trata sobre la reconciliación y el coraje; y en especial, trata sobre la amistad. Porque una caminata como aquella, donde si caes, mueres, llega a ser un poco más sencilla y soportable si tienes a tu alrededor compañía, y uno que otro buen amigo.

Por momentos nos recuerda a la bella cinta, también adaptación de King, «Stand by me». Y entonces, en esas escenas en donde vemos ese valor tan grande que nos aleja de ese andar solitario que a veces puede volverse la vida, el corazón se quiebra. «Siempre elige el amor», dice uno. Y otro nos enseña que lo malo puede convertirse en bondad. Apoyar a otros, cuando eso signifique sacrificar un poco de lo nuestro. Rebelarse contra el sistema, como por momentos vemos guiños a «Rebelión en la granja» de George Orwell. Pero siempre: ser para los demás. Y dejar el mundo con lo mejor que fuimos.

Esta adaptación, por el director Francis Lawrence, nos trajo una historia antigua de King, pero que hoy en día nos entrega una crítica social importante y muy adaptada a la actualidad, como también una reflexión profunda y conmovedora. Todo bien… hasta el final, que, por algún motivo inexplicable, el cineasta decidió cambiar el desenlace, arruinándolo por completo, tratando de poner su propia firma y mensaje, pero siendo un completo desastre. Dio tanto coraje. Arruinar todo lo bien que llevaba, por un final incongruente con las propias acciones y sentimientos de los protagonistas, dejando a un lado el que, a mi parecer, era un grandioso final de King.

Víctor Daniel López
< VDL >

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