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«Elektra» de Strauss en Bellas Artes

La tragedia de Sófocles con la música de Richard Strauss y el libreto de Hugo von Hofmannsthal. La trama, la venganza. No hay acción escénica, puesto que la música es la acción misma. Envuelve, hipnotiza, vuelve loco a los personajes, y nos sumerge a todos en esa misma locura. Todo sucede detrás, y en las palabras. El asesinato, el odio y la calma. El mito después de Troya, con todas las tragedias que conlleva. Así es una de las obras cumbre de Strauss: Elektra. La mujer empecinada en vengar a su padre, quien al regresar de la guerra de Troya, fue asesinado por su esposa y el amante. La música, en la adaptación operística, es un personaje más. Tal vez, las voces de todos nosotros. Y al final, el coro exclama lo que la humanidad no se cansa de gritar. El expresionismo lírico, y por algunas partes, el regreso a la tonalidad dulce y lenta, para traer los sentimientos que ablandan al corazón. Tres notas que se repiten desde el inicio hasta el fin, como leimotifs de un presagio que no se puede detener. Pero en todo el acto de dos horas, la música es apabullante, llevando a uno al límite, hasta ese final devastador. La puesta en escena, minimalista y abstracta, estuvo a cargo de Mauricio García Lozano, y en donde el juego del agua tuvo un papel importante. La dirección concertadora fue de Stefan Lano, y Rodrigo Elorduy el director huésped del coro. El reparto de solistas fue una gran selección internacional compuesta por Catherine Hunold, alternando con Diana Lamar, Belem Rodríguez, alternando con Rosa Muñoz, Dhyana Arom, alternando con María Fernanda Castillo, Carlos Arturo Galván, alternando con Gilberto Amaro, Josué Cerón, alternando con Óscar Velázquez, entre más. Todas heroínas y héroes. Porque, para las óperas de Strauss, como para las de Wagner, los cantantes tienen que hacer acrobacias vocales fuera de este mundo. Y cuando lo logran, se convierten en deidades. Y así lo fue con esta penúltima puesta de la Ópera de Bellas Artes en este año 2025. Regalándonos un título que hacía mucho no disfrutábamos en la ciudad. Podemos hablar de una ópera de suspenso, tal vez, por momentos, una punzada de horror. Pero, al final, la ópera también trata de todo lo malo. Lo malo que también nos hace humanos. Los actos oscuros. Y el negro de la noche que nos envuelve para hacernos cuestionar, dudar, y en donde se pone en riesgo la bondad.

Víctor Daniel López
< VDL >

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