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«Investigar con la naturaleza, reexistir con el territorio. Experiencias del pueblo nasa del sur de Colombia» de Sebastián Levalle

Por: Pedro Corona

Un texto extraordinario en donde el autor resignifica la importancia de los pueblos indígenas del Sur de Colombia. La investigación la lleva a cabo a partir de recuperar los aportes de la nueva antropología, así como de destacados investigadores como Orlando Fals Borda, Paulo Freire y de muchos otros.

El autor enriquece la investigación anteponiendo aquella que se gesta desde las organizaciones de los pueblos nasa, e incorporando recursos propios de la historia oral. Se trata de un saber más dinámico y comprometido, que integra nuevos conceptos como el derecho mayor, que se diferencia de la investigación tradicional y que se hace desde las Universidades, en donde el objeto de estudio poco tiene que ver con el sujeto de investigación.

En esta investigación, publicada por Fondo de Cultura Económica, resalta la educación como praxis, acción transformadora de la realidad social, para resignificar al conjunto de saberes y la defensa del territorio de los pueblos del Cauca. También, el autor recupera la Cosmovisión que sustentaba las tradiciones y saberes de estas organizaciones indígenas, de modo que el territorio habría que pensarlo desde una perspectiva colectiva: plantas, animales, incluso las reacciones recientes de la madre Tierra (como el sismo de 1994), en donde se atribuye: el castigo de la madre tierra por los abusos consentidos; de ahí que sea prudente dialogar con los volcanes y escuchar lo que éstos quieren comunicar.

La interculturalidad, implica el reconocimiento del alfabeto de la lengua para reconocer su carácter autónomo, en diálogo directo con las comunidades. De modo que el conocimiento es una herramienta política, una herramienta territorial, mediante la cual se construye una política territorial en las comunidades indígenas, es decir, se construyen saberes locales con los intelectuales orgánicos de las Universidades Indígenas.

El trabajo de campo, que se desarrolla desde el saber de las comunidades indígenas, es posible a partir de incorporar siete sentidos: la vista, el olor, el sabor, el tacto, el gusto, las señas y los sueños; además de la integración de estos otros tres elementos: el silencio, las visiones y el enamoramiento (la corazonada).

Se presenta en el texto la experiencia de tres intelectuales indígenas nasa: Inocencio Ramos, Huber Castro, Omar Julián Finscué, destacando la enorme influencia que recibieron durante la convivencia cotidiana con sus abuelos y padres directos para refrendar: ritos, saberes y formas del conocimiento que se transmiten dentro del conjunto de las comunidades.

La reivindicación de la cultura y el saber indígena que hacen estos intelectuales ocurrió desafortunadamente a partir de un proceso de denostación y maltrato directo que padecieron en las escuelas “modernas” dentro de las congregaciones religiosas, evangelistas, y otras instituciones.

Estas situaciones condujeron a una situación clara de defensa de sus saberes y de su territorio, con el propósito de ser transmitido en las Universidades Indígenas. “Por eso, a los temas que se abordaron en los demás casos de investigación comunitaria intercultural, se sumaron otros, tales como la violencia contra las mujeres y su participación política en las comunidades, la minería artesanal, los jóvenes y el conflicto armado, la identidad indígena en los contextos urbanos y la homosexualidad indígena” (pp. 128). En todo caso las prácticas indígenas conviven en cierto grado de conflictividad con otros discursos como los evangelistas que ingresan al hogar, fundamentalmente por la vía materna.

Los intelectuales nasa de Tierradentro comparten la idea de que existe una esencia indígena en el sentido de que lo concibió la antropología de mediados del siglo pasado. Y esta propuesta se enriquece con los ancestros en el espacio subregional.

Para la mayor parte de los intelectuales de Tierradentro, aquel que pretenda ser una verdadera nasa debe sostener una fuerte conexión con lo espiritual. Inocencio Ramos, lo refiere mediante la expresión «nasnasa», que bien podría traducirse como “el verdadero nasa”.

            «Nasnasa es una persona que lee el cosmos, interpreta el mundo de las señas, los sueños, los símbolos, los sonidos, las visiones, los olores, los colores, los silencios; es decir, tiene la sensibilidad para interactuar con los espíritus de la comunidad…«

En efeto, los intelectuales de Tierradentro apelan a las practicas rituales que enriquecen la investigación y el conocimiento de las comunidades indígenas, que en la mayor parte de los casos no fue compartida por los investigadores académicos de las Universidades.

La amplia visión que se logra en la investigación de campo que desarrolla el autor, cotejando saberes locales de los pueblos indígenas del CAUCA, reivindica la importancia, voz y presencia de estas comunidades en la actualidad.

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