en las calles oscuras
de esta ciudad insomne,
mientras todos dormían
y nosotros corríamos para ganar a los semáforos,
mientras las estrellas se guardaban
después de una lluvia arremetedora
te disparé un beso mortal
y un sólo beso bastó
para detener el tiempo
para traer de vuelta el cielo
para matar a la bruja que se come a los niños que no duermen en las madrugadas tristes y frías y solas.
nos ahogamos en el río
durmiendo con los peces
y todo se convirtió en mar
nuestros cuerpos, ya de madrugada,
se buscaban, para hablar
un idioma que no sabemos,
tal vez no existe,
pero entendemos
con la marea de la respiración
así,
a nuestros cuerpos les dio por hablar de amor,
y nosotros, confundidos,
logramos entender esta nueva ecuación
por la mañana,
cuando el silencio inundaba el mundo
y la habitación,
los pájaros despertaban,
tú despertabas
(yo nunca dormí)
entonces,
todo, absolutamente todo,
ardió como un gran sol
Víctor Daniel López
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