Recomendado por: Erick Gálvez Ayala
Si un libro te deja pensando por un largo tiempo después de terminarlo, entonces la lectura hizo su cometido. «Lo que no tiene nombre» de la colombiana Piedad Bonnett es una de esas obras que, al ser personales, se vuelven sanadoras (en primer lugar, para quien escribe, y en segundo lugar, para el que lo lee); y es que la vida se cuenta tantas veces en distintas maneras en los libros, que tal vez la sanación solo es la obra en sí misma, esa que perdurara por los siglos de los siglos.
No es amable comentar de qué trata un libro como este, por ello les pido que lo vean de este modo: Imaginen un cuchillo afilado frente a ustedes, piensan en que deben quitarlo de ese lugar o puede haber un accidente, sin embargo, pasas varias ocasiones y no lo mueves, simplemente no puedes, lo has imaginado, tienes claro cómo hacerlo, pero muy en el fondo (aunque puedes equivocarte) crees que tal vez no es tan peligroso.
Ahora, ha pasado algún tiempo, y ese cuchillo sigue ahí, parece que lo han afilado aún más. De repente, lo tomas y, sin darte cuenta, lo introduces en tu cuerpo lentamente. Observas cómo van cayendo gota a gota la sangre, el eco es silencioso, los murmullos son agotadores, la tinta roja se seca casi de manera inmediata para después volverse líquida. Ha sido un sueño, o tal vez no, tal vez ni siquiera es un cuchillo. Es la vida misma, y tu corazón está hecho trizas. E ir recordando poco a poco lo sucedido quizá sea la única sanación.
Después de leer «Lo que no tiene nombre», no puedes dejar de sentir la fragilidad de la vida. Lo curioso que puede ser el azar, lo difícil que es controlar tus sentimientos, abandonarte o abandonarlos por sobrellevar el tiempo. Pero, además de ello, existe el resto de personas en un mundo que nos inculcan, y al que debemos de adaptarnos, o si no, pereceremos en la soledad y en la lejanía de la esperanza.
Erick Gálvez Ayala


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