Viajamos por caminos que se abren entre la selva y el desierto, hacia los mares, andando a paso lento, en auto, o volando por las nubes. Viajamos por los senderos que nos llevan a lugares conocidos, o ajenos, regresamos al pasado donde los restos de una infancia aún reposan sobre la hierba, esperando a terminar de consumirse por el sol de verano; regresamos al hogar, buscamos un nuevo hogar, buscamos en los otros a nosotros mismos.
Viajando entre líneas, así leemos «Terrestre», el nuevo libro de la escritora mexicana más afamada en estos tiempos, ganadora del Pulitzer el año pasado, en 2024, por su obra «El invencible verano de Liliana»; fenómeno en la literatura contemporánea que logra llenar foros para obtener una firma de sus libros, conocerla, estar un poco más cerca de sus letras.
Quitamos el polvo del camino para gozar de esa prosa tan exquisita que la hace suya Cristina, casi como si le hiciera el amor a las palabras. Siete relatos que giran entorno a la crónica y el cuento para hablarnos de personajes que están siempre en una constante búsqueda de algo: el pasado, el recuerdo, el futuro, el presente. Recorremos México, por el norte y el sur, andando en círculo para llegar al comienzo, encontrando los misterios de la infancia y del porvenir en estas bellas historias que nos regalan una experiencia, además de narrativa, introspectiva.
«Terrestre» nos empuja, como animales, garzas o leones, a perseguir lo que nos hace verdaderamente hombres o mujeres: la libertad. Su tinte político y social se encuentra implícito, pero es más la poesía y la belleza que logran despegar del suelo para elevarnos a una altura desde donde podemos observar un mapa de los lugares que hemos recorrido, aquellos que nos faltan por conocer, y luego, están los otros: los que no son espacios, sino tiempo, memoria, actos, y otras personas.
«Terrestre», publicado por Penguin Random House, es un libro atravesado por el deseo de movimiento y la nostalgia que nos salva. Nos invita a caminar con la mirada, a viajar por lo íntimo y lo colectivo, a escuchar voces que se niegan a quedarse en el polvo. Rivera Garza, grande, tremenda grande, confirma que en la literatura, como en la vida, el viaje es un acto para el cual se requiere coraje y rebelión.
Víctor Daniel López
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