El suspenso viaja en auto con Stephen King. Con el corazón latiendo para expulsar la adrenalina y llevarla por todas las venas. La sensación de querer devorar las páginas para saber más, para llegar al final. Pedir que el autor no sea despiadado con el final y nos regale un baño de tragedia, porque de King todo se puede esperar: lo bueno, y lo malo. No siempre todo sale bien. Él no se tienta el corazón. Por eso sus historias son reales, y son impredecibles. Y eso es justo lo que se necesita para escribir una novela policiaca y de suspenso.
«Mr. Mercedes» es como le conocen al hombre que arrolló a una multitud durante una feria de empleo en una madrugada brumosa, y que pasaría a ser histórica por la muerte de ocho personas y quince heridos más. Su arma: un Mercedes Benz. El misterio aquí no es saber quién es el asesino, puesto que lo sabemos casi desde el principio: Brady Hartsfield. El misterio es aterrorizarnos por los planes que ha tenido en mente desde aquel día en que logró escapar, viviendo prófugo y camuflado en la sociedad. Atormentó a la dueña del Mercedes que robó, hasta lograr su suicidio, y ahora su objetivo es el detective retirado Bill Hodges. Torturarlo hasta que logre dispararse él mismo.
Así, Bill, con su melancólica nostalgia y soledad, se tendrá que ver enfrentado a su antagonista, Brady, un joven extraño y perturbador quien tiene una relación enferma con su madre alcohólica. El pasado es trauma, y el dolor, entonces se convierten en dientes para devorar, en el presente, todo cuanto se tiene delante. Así surgen los malos hombres, como los asesinos.
Con «Mr. Mercedes», ganadora del premio «Edgar» a la mejor novela de misterio en 2015, el maestro King construye un duelo psicológico más que físico. El verdadero terror es la mente de alguien que ha sido maltratado por la vida, y de alguna forma busca en la venganza la expulsión de sus ideas y emociones. El ritmo es ágil, intercalando los capítulos con las perspectivas de uno y de otro lado, hasta que se llegan a unir ambas líneas. Sentimos esa carrera a contrarreloj, sentimos la adrenalina, sufrimos de insomnio por querer terminar ya.
«Mr. Mercedes» marca el inicio de la trilogía de Bill Hodges, seguida por «Quien pierde paga» y «Fin de guardia», en donde vemos a un King que ha logrado ser dueño de otro territorio y género. Aquí no es el King de fantasmas, payasos o cementerios embrujados, sino el King de las calles frías, las mentes rotas, y los corazones solitarios. Y una vez más nos confirma el autor: el peligro, el monstruo más grande, puede ser el humano mismo.
Víctor Daniel López
< VDL >


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