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Catarsis en Cata
de Vino y Arte

¿Cuál es el gran error del final de «El juego del Calamar»?

Sin duda alguna, su guion: terrible, hueco, y sin coherencia en el equipo que se encuentra detrás de éste; naufraga en la incredulidad y a veces hasta resulta ofensivo que intente burlarse de nuestra inteligencia.

El éxito del fenómeno de la primera temporada no supo sostenerse en su continuación. La segunda parte fue un rotundo fracaso, y este, el final tan esperado de «El juego del Calamar», aunque intenta salvar esa vara caída, la verdad es que apenas y logra sacudir el polvo sin recuperar la esencia de la primera.

Se siente como una apuesta a medias: retoma símbolos y dilemas que antes estremecían, pero los ejecuta sin pulso ni filo. Peca de inverosímil a cada paso, en cada decisión que los personajes toman y en las vueltas de historia que intentan dar, forzando casualidades absurdas y motivaciones que se quiebran con un soplo. Este guion es un laberinto mal trazado: errores de lógica, escenas que se contradicen, y diálogos que parecen escritos al apuro de una lluvia de ideas.

Los planos narrativos carecen de nervio, incapaces de sostener la tensión que alguna vez nos mantuvo al borde del asiento en sus inicios. Hay saltos de tono y cortes que interrumpen cualquier atmósfera de peligro o sorpresa. Y es que mucha de la culpa la tienen los personajes que, mal construidos, se traicionan a sí mismos una y otra vez. Song Gi-hun, el Jugador 456, termina convirtiéndose en alguien inmamable, a tal grado que deseamos verlo ya muerto. Y abundan las contradicciones en otros personajes que se dicen tener lazos familiares o sentimentales. Y toda la historia de Wi Ha-joon la verdad es que nunca entendimos su razón de ser y mucho menos tanta ambigüedad.

En esta última parte (esperando ya no haya secuelas ni precuelas ni conexiones más) se agradecen algunos destellos visuales y la música que, por momentos, rescata algo del espíritu siniestro del juego. Pero son chispas que no llegan a prender ningún fuego. Todo se siente demasiado fabricado, carente de la crudeza que hizo grande a la serie en su debut. Es como ver a un jugador que ya no cree en su apuesta, pero sigue tirando los dados por inercia.

Al final, esta temporada confirma lo que temíamos: el juego sigue, pero ya no tiene nada verdadero que arriesgar. Y todo esto hace que termine siendo un total y completo fraude.

Víctor Daniel López
< VDL >

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