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El estreno en México de «Un re in ascolto» de Luciano Berio

El día de ayer vivimos una experiencia diferente dentro del mundo de la ópera. Un espectáculo totalmente visual y poderoso, con una música que, aunque para muchos difícil, ofrece un concepto diferente. Sonidos ajenos a lo que estamos acostumbrados, con una atonalidad característica de la música clásica de mediados del siglo XX, con la llegada del dodecafonismo, y partituras que dejaron a un lado las arias y la melodía, la tonalidad. «Un re in ascolto», del compositor italianio Luciano Berio, llegó a México por primera vez, e incluso siendo estreno, en su formato completo, en toda Latinoamérica, gracias a la Ópera de Bellas Artes.

Así, «Un rey escucha» nos regala un espejo de sonidos en donde la conciencia misma se descompone y se reinventa. Es una metáfora orquestada, una escena sin límites en donde la escucha se vuelve trono, reino y prisión. La obra fue estrenada en 1984 en el Festival de Salzburgo, y la historia se basa en un fragmento del libro » Bajo el sol jaguar» de Italo Calvino (escritor e intelectual italiano que siempre profesó un gran amor a México), a la vez que toma elementos de «La Tempestad» de Shakespeare. El propio Berio, alquimista de voces y texturas, la definió como una «azione musicale» (acción musical) más que como una ópera, y es que con ella logra tejer un laberinto sonoro que desafía la narrativa lineal a la que estamos normalmente acostumbrados: aquí no hay una historia que avanza, sino simplemente un rey que escucha, obsesivo, cautivo de su propio oído, a la espera de la traición y la rebelión, aferrándose al poder y la corona.

El estreno en México se vivió el pasado 01 de julio de 2025, que coincidió, sorpresivamente, con la muerte de ese día de Gilda Cruz-Romo, una de las más grandes sopranos mexicanas (y a quien fue dedicada esa función), y protagonizada por Josué Cerón, Cecilia Eguiarte, Evanivaldo Correa y Nicola Beller Carbone, bajo la dirección concertadora de Wolfgang Wengenroth y la dirección escénica de Martín Bauer.

La ópera se divide en 19 secciones, agrupadas en dos partes, en donde la orquesta de Berio resuena como una bestia anfibia, a veces brutal, a veces etérea, capaz de dar forma a estados de ánimo volátiles, mientras fragmentos de diálogo entrelazan números de los distintos personajes, y logrando hacer así un teatro dentro del teatro dentro de la mente del rey.

No es casualidad que Berio, pionero de la música electrónica y la experimentación vocal, construyera esta obra como un espacio de resonancia interior. El rey, alter ego del espectador, se deshace mientras escucha: cada sonido lo transforma, lo disgrega y lo expulsa de sí mismo. Aquí, disfrutamos la música como la acción misma, y el canto es el pensamiento; la orquesta, arquitectura mental; y la escena, abstracción.

Al final, «Un re in ascolto» no habla de otra cosa más que del poder. De seres supremos que se creen dueños de todo, y con su corona, aluden al propio mundo que creen tener sobre sus manos. Es una obra política y social, que nos habla de gobernantes que se creen reyes, y en su delirio despegan los pies y las ideas del suelo para elevarse a unos cielos en donde raya la locura con la ambición. La ópera también es política, y puede servir también de discurso. No es casualidad que haya formado parte de la selección de este año para Bellas Artes, en un mundo en donde gobernantes lideran como reyes medievales, en donde las guerras están volviendo para atentar contra toda la humanidad, y en donde los poderosos piensan solamente en el beneficio de ellos. ¿Será un mensaje, entonces? ¿El rey de Berio estará representando a Trump? Un bufón más que «rey», que no tiene reino más allá de su oído, y su trono —inmóvil— es el temblor perpetuo de su imaginación.

Víctor Daniel López
< VDL >

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