Por Carla de Pedro
Cuando Ana María Matute fue invitada a formar parte de la Real Academia de la Lengua Española en 1998, leyó un texto llamado: “En el bosque: defensa de la fantasía”, en ese texto ella buscaba elogiar la fantasía y la imaginación en la literatura, que, como ella afirma, es: “algo tan vital como el comer y el dormir”, y se opone “a la aridez de la actitud que tan a menudo nos rodea, que se niega a ver la dimensión espiritual de lo material”.
Aquí nos encontramos con la visión del mundo de una escritora que acepta que la magia es parte del mundo y que opone esta rica perspectiva de la realidad a una visión racionalista, materialista y completamente limitada de la misma.
Otra escritora maravillosa, Clarice Lispector, dice en un pequeño ensayo titulado “Magia y Literatura” que “todo lo que existe lo hace por algún tipo de magia”.
Por otro lado, hace apenas unos días, la pseudoescritora de bestsellers J.K. Rowling afirmó, en su afán político por expresar un mensaje de odio contra las mujeres trans, que su opinión sobre “la magia es la misma que sobre las mujeres con pene, ninguna de las dos existe”.
Su opinión política contra la diversidad sexual causó polémica, pero lo que honestamente a mí me causó más problemas fue su afirmación tajante de que la magia no existe.
Que una escritora de fantasía, sin importar su calidad literaria, diga que la magia no existe, nos hace ver que su compromiso con la literatura de fantasía es nulo. Es decir que Rowling no cree en la magia ni en la literatura y si escribe lo hace solo con el afán capitalista de engañar bobos y enriquecerse a su costa.
Me da vergüenza que esa mujer que no cree en la magia se haga llamar escritora y, para colmo, escritora de fantasía. Porque, como diría Clarice Lispector: “Escribir, y hablo de escribir de verdad, es completamente mágico”. Queda demostrado que esa señora jamás ha escrito nada de verdad.»

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