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Catarsis en Cata
de Vino y Arte

Cuéntame tu hogar

Me peleé con mi hermana porque me dice que salgamos, pero a la mera hora me cancela. Me peleé con ella porque cuando salimos se la pasa pegada al celular todo el tiempo, y no me pela, como si ni siquiera existiera. Prefiere usar ese tiempo para hablar con sus amigas, o con su novio, y yo me quedo ahí frente a ella sin hacer nada. Llevábamos como un mes sin hablarnos hasta que salí con ella el jueves, y de nuevo me hizo lo mismo. Fuimos a comer, y ella se la pasó en el celular y yo como tonta perdiendo el tiempo. No, no nos vemos en la casa porque no vivimos juntas, porque ella sigue viviendo con mi abuela por los problemas que tuvimos con mamá y que ya te he contado. Creo que ella aún no la perdona. Yo ya, sí, ya estoy de vuelta con mamá. Pero ya ves que te había dicho que también vivía con la abuela. Yo vivía con mi abuela desde que me salí de casa de mi tía. Bueno sí, antes no vivía con mi mamá, vivía con mi tía, y antes sí vivía con mi mamá hasta que me salí de casa porque ya no la aguanté. Igual nunca estaba, y era como si mi hermana y yo no existiéramos para ella. Sí, y por los problemas que ya te he dicho teníamos con mamá. Por eso me salí de ahí. Después estuve un tiempo en casa de una tía, mi tía Andrea, es la hermana de mi mamá. Ella me recibió por un tiempo. ¿Cuánto? No me acuerdo, siete, ocho meses, pero me salí de ahí porque mi hermana se vino conmigo, y entonces ya éramos ella, mi primo y yo, viviendo en casa de mi tía. Éramos muchos, y el espacio muy pequeño. Había sólo dos habitaciones, y una para mi primo, Camila y yo. Y después como que a mi tía no le agradó tanto que estuviéramos todos ahí metidos. Además, yo no aguantaba estar encerrada con tantos, quería mi privacidad, mi propio cuarto. Así que me fui a casa de mi abuela, porque ella tenía más recámaras y estaba sola. Yo primero, y al principio estuve bien ahí, pero luego mi hermana me siguió otra vez. Ahí me quedé de nuevo por unos meses hasta que empezaron a haber problemas. Pues es que cuando estuve sola, prácticamente era yo quien ponía el dinero, y mi abuela nada, no trabaja, obvio, no trabajaba ya. Pero entonces como que se aprovechaba de mí, y además de cobrarme por quedarme con ella, me pedía que le comprara sus cosas, y digo, no me pesaba porque era mi abuela, pero luego sentí que comenzó a aprovecharse de mí. Yo desde muy chica tuve que empezar a trabajar pues para casi ganarme la vida, para tener mis gastos, y después cuando me salí de casa de mamá para pagar lo que me cobraban por quedarme con la tía y luego con la abuela y luego otra tía que era más como mi prima. Ah, sí, bueno, total que cuando mi hermana también llegó con la abuela, no sé, yo sentí que como que ellas hicieron un complot contra mí. Se empezaron a llevar muy bien, y yo, como era la única que trabajaba y llegaba muy tarde, porque salía ya de noche del trabajo y me hacía casi dos horas de regreso, regresaba ya como a las once y por eso entonces casi ni las veía. Pero ellas ni se preocupaban por mí, sólo por el dinero, y me cobraban por todo. Por eso yo me empecé a molestar, porque entonces eran sólo ellas y ya, yo no existía para ellas, se hacían de desayunar y no me mandaban ni comida cuando me iba a trabajar, y cuando regresaba a la casa, ya muy noche y muerta de hambre, no me guardaban cena ni nada, y como llegaba muy cansada, ya mejor ni cenaba. Un día, llegué un poco más temprano, me acosté y me quedé dormida, cuando me despertó un olor de comida que estaban haciendo, y entonces yo me emocioné, porque me dio mucha hambre y pensé que me estaban haciendo también a mí, pero cuando fui a la cocina, vi que sólo se habían preparado nada más para ellas, y no me prepararon a mí, nada. Eso fue lo que me molestó, me sentí excluida, como invisible. Entonces, soporté unas semanas más hasta que decidí irme. ¿Cómo? Pues así, les dije «me voy». Sí, les dije por qué, yo no me guardo nada. Se los dije, y entonces mi abuela se enojó y me dejó de hablar. No, no para siempre, ahorita ya me habla. Pero sí pasaron meses sin hablarme. ¿A dónde? Me fui con una tía. No, no la de antes, otra. Es la prima hermana de mi mamá, pero no es tan tía, para mí es más como mi prima porque sólo me lleva unos años. Ella se acababa de mudar con su novio y habían rentado un departamento, entonces les sobraba una habitación, y cuando hablé con ella, me dijo «sí, vente, aquí te puedes quedar». Y me fui con ella. Claro, no de a gratis, también pagando mi habitación, y más caro de lo que le daba a mi abuela, pero bueno, al menos tenía la habitación para mí. Sí, mi hermana se quedó con mi abuela. Sí, hasta hoy sigue con ella. Entonces, bueno, yo estaba con mi prima o tía, como sea, y al principio estaba bien, pero, sí, cómo supiste, me cansé. Ósea, primero, es algo tonto, pero para mí muy importante, porque mi cuarto no tenía ventana. Ósea, sí tenía, pero era una ventana pequeña y sólo daba como al cuarto de lavado, ósea, súper fea. Quién sabe quién fue el arquitecto o ingeniero o lo que sea, pero construyó súper mal ese departamento. Entonces era muy oscuro, y a mí me gusta que la ventana dé hacia un parque o a un árbol, o que se pueda ver aunque sea el cielo. Me gusta mucho la luz, y me gusta sentir el sol que entra por la ventana cuando amanece y me despierta. Además de todo, mi cuarto no tenía puerta, entonces cualquiera podía entrar a mi habitación cuando quisiera. Pero bueno, eso no fue lo que me molestó tanto, sino el novio de mi prima. Era un nini, ni estudiaba, ni chambeaba, ni nada de nada, sólo se la pasaba ahí metido en el departamento fumando mota. Y digo, que él haga lo que quiera, pero todo el departamento apestaba a su hierba. Y un día sí le dije, pero se enojó. Y luego noté que se metía a fumar a mi cuarto y hasta dejaba ahí los restos de sus fumadas. Hasta que me cansé, y me fui. Sí, también les dije por qué, y prima no se enojó, lo entendió y quedamos bien. ¿Después? Después regresé con mamá. Uy, bueno, fue un reencuentro, no sé, muy bonito, la verdad. ¿Cuánto? Llevaba ya fuera de casa casi como tres años. No, casi no hablamos durante ese tiempo, sólo nos veíamos en Navidad y así, pero como tres veces al año y ya. Yo fui quien le habló a ella cuando estaba en casa de mi prima, porque mi mamá ya no vivía aquí en la ciudad, se había ido a vivir un tiempo a Campeche y puso en renta la casa. Entonces fue que me entró el sentimiento, porque a los conocidos que les rentó la casa yo los tenía en redes sociales y veía sus fotos en nuestra casa, y a veces alcanzaba a ver hasta nuestras fotografías aún colgadas, y no sé, extrañé mucho y quise volver a casa. Además, en esas semanas yo me había puesto muy enferma, muy, muy enferma, y hasta pensé que casi casi me iba de esta vida, entonces por eso le llamé a mamá, y en esa llamada me dijo que justo ella se había puesto muy enferma también, fue algo muy raro, no sé si coincidencia, pero entonces platicamos de lo mucho que nos extrañábamos, y las dos dijimos que no queríamos estar solitas y enfermas. Entonces le pregunté si podíamos regresar a nuestra casa, y me dijo que sí, que hablara con los vecinos, y eso hice. Me fui yo, y al poco tiempo, mi mamá llegó. Sí, te digo que fue muy bonito. ¿Qué me dijo? Que qué bueno que había regresado, que estaba feliz de verme. Sí, yo también la había extrañado. Sí, había extrañado mucho la casa. Pues porque fue como si antes, con la tía, con la abuela, con la prima, no tuviera en sí un lugar que fuera mío, no era como «ay, voy a regresar ahorita a casa». No era mi casa, y ahorita, con mamá, sí es mi casa. Es mi lugar a donde puedo regresar, es donde me siento segura. ¿Qué aprendí? Que la vida puede ser un poco dura, no, es broma, bueno, no tanto. Porque sí me las vi duras muchas veces, pero supongo hay problemas peores. Sí me sentí muy sola, y sin saber a dónde ir o qué hacer. Aprendí también a salir de un lugar cuando no estoy a gusto, siempre salir, porque a veces, por permanecer, aguantas de más, y eso puede resultar peor. Entonces yo siempre me salía cuando ya no quería estar en un lugar o con alguien, aunque siempre saliendo bien. Siempre hay que salir bien, y al final, estar agradecidos con todos, porque igual me dieron algo. ¿Qué si me arrepiento de algo? No, de nada. Bueno, tal vez de no haber comenzado antes. Pues a trabajar, a valerme más por mí, a ser independiente. Tal vez eso me hubiera ayudado un poco. No, ahorita estoy bien aquí. Sí, claro, porque estoy en casa. Y pues al fin regresé. Ahorita es a donde pertenezco. ¿A dónde iré después? No lo sé, por ahora aquí, después, ya veremos.

Víctor Daniel López
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