El día de ayer estuvimos presentes en la celebración del Ensamble de Percusión Contemporánea «Raga», festejando 25 años de trayectoria. El grupo conformado por los actuales integrantes, Ernesto Juárez, Kaoru Miyasaka y Edwin Tovar, conmemoraron su trayectoria profesional desde que inició la agrupación como un proyecto académico hasta la actual consolidación que hoy en día hace que se presenten en teatros representativos, como lo fue el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.
Así fue como la noche de ayer el recinto vibró con la energía y el pulso inconfundible de Raga, convirtiéndose el escenario en un laboratorio de resonancias en donde la madera, el metal y las pieles dialogaron en un mismo idioma, sin palabras, pero cargado de sentido. Cada pieza fue un viaje: desde paisajes minimalistas hasta tormentas rítmicas que erizaron la piel del público.
Composiciones experimentales despertaron la imaginación y creatividad, como la primera obra en donde hicieron de instrumentos objetos cotidianos del hogar, como la escoba, las cubetas, vasijas y utensilios de cocina. En otras, mezclaron las percusiones orquestales con elementos electrónicos, e incluso visuales. Un estreno mundial de cuatro movimientos cortos, y también algunas piezas que nos remitían a sonidos de lejanas culturas o ancestrales (como lo fue la que hace referencia al Popol Vuh).
Con esta velada, Raga demostró que el tiempo no les ha pasado, sino que, al contrario, los ha afinado. La agrupación, fundada en 1999, ha sabido convertirse en referente dentro de la música contemporánea mexicana, explorando la percusión como un territorio de vanguardia, misticismo y exploración poética.
Este aniversario no fue solo una conmemoración, sino un manifiesto que exclama que el arte de la percusión está vivo, palpitante y destinado a seguir resonando en lo más profundo del tiempo.
Víctor Daniel López
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