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Catarsis en Cata
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Sir Bryn Terfel por primera vez en México

UN ANTES Y UN DESPUÉS, así muchos definieron esta noche en la historia de la música clásica y la ópera en México. Las grandes ligas, el mejor talento, voces internacionales y una calidad insuperable que no se había visto. Así México ha estado haciendo realmente un gran trabajo reposicionando la cultura y demostrando que también aquí se pueden vivir espectáculos de gran calibre y el mejor arte. Y hoy fue la Sala Nezahualcóyotl quien fue testigo de ello, recibiendo al más grande bajo-barítono actual de los cinco continentes: Sir Bryn Terfel. Desde el norte de Gales, su voz grave que combate contra una orquesta gigante, nos regaló la mejor tesitura que hayamos nunca escuchado en el país. Las valquirias vinieron por nosotros para hacernos descender al Valhalla, y entonces, allí, desfallecer ante una música descomunal que sólo en otras dimensiones, otros planos, y otros mundos, es capaz de existir para hacer vibrar las almas por última vez. O tal vez, por primera. Desde el instante en que salió el gigante, el teatro reventó en aplausos, con una bienvenida que muy pocas veces he visto tan estruendosa. Sir Bryn Terfel pisando por primera vez un escenario en México. Es historia, todos dijeron. Y lo fue. Iniciando la velada con Wagner, Los maestros de Núremberg y La Valkiria, la sala Nezahualcóyotl pudo prever desde ya una noche de perfección. La música de Wagner eleva todos los sentidos, es como entrar a un estado de hipnosis. Ahora, con la voz de Terfel, es una droga aún mucha más potente. Sólo voces como la de él son capaces de sobresalir a esa orquesta que pareciera ametralla contra el cantante. Después, Cámen de Bizet con su coro al torero, piezas de Boito y Gounod. Terfel hace unos meses debutó en el MET de Nueva York como Scarpia en Tosca, llevándose ovaciones de pie. Aquí nos regaló su «Te Deum” con esa orquesta pucciniana que conmueve y un coro que despierta todas las fibras. “El murciélago” de Strauss, y luego, tres canciones tradicionales de Escocia, Irlanda y Gales: «Ar hyd y nos», «Loch Lomond», y «Danny Boy», con la que lloré, porque «Oh, joven Daniel, las gaitas, las gaitas están llamando… el verano se ha ido y todas las rosas están cayendo.» Fue toda una montaña rusa por donde nos llevó hoy Sir Bryn Terfel, en donde el público no dejó de aplaudirle, de gritarle, de chiflarle. Parecía toda una locura. «If I were a rich man», del musical «Fiddler on the Roof» cerró la gala, sacando risas y baile, dando paso al encore sorpresa que nos tenía preparados con otros números de musicales y canciones tradicionales. Al final, cerró «Homeward Bound”, con la Orquesta de Minería bajo la dirección de Roberto Kalb en todo su esplendor. El éxtasis culminante con su poderosa voz, y la música más hermosa para recordarnos las memorias y el camino a donde vamos. Ser libres, y dirigirnos al único destino que nos espera, dejando en los otros todo lo mejor que pudimos ser. Uno siempre vuelve a quienes amamos y nos amaron, uno siempre vuelve al hogar. Y así, esta noche, todos volvimos con algo dentro que se nos metió en la piel, y que fue capaz de hablarnos y conmovernos, para entender que a pesar de todo lo que ocurre afuera, también ocurre belleza. Sólo que a veces, vamos muy rápidos. Basta con detenernos por un momento, prestar atención, y escuchar: como hoy escuchamos.

Víctor Daniel López
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