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Catarsis en Cata
de Vino y Arte

Descubriendo «Tlacaélel»: La grandeza azteca más allá de la batalla

Hay muchos nombres de nuestra cultura azteca que no tienen la fuerza que deberían. No se habla mucho de ellos, y a veces, hasta se les desconoce. Tal es el caso de Tlacaélel, una de las figuras más importantes del imperio azteca y que representó un gran avance para la cultura mexica. Un hombre de poder, pero que no hacía uso de él, sino su objetivo era retornar a las verdaderas raíces que se habían ido perdiendo con las décadas. Volver a recuperar los territorios perdidos, pero también la dirección espiritual que había caído en una confusión, desviándose de sus verdaderos dioses y valores, su sentir en la posición que representaba el hombre frente al universo.

Antonio Velasco Piña, escritor, novelista, ensayista, abogado e historiador mexicano, publica en 1979 su novela «Tlacaélel,» parte de una gran trilogía (junto con «Regina, dos de octubre no se olvida» y «La mujer dormida debe dar a luz»). Esta obra representa un retrato vívido, casi místico, de este estratega, sacerdote y visionario, que fue consejero de cuatro tlatoanis, y que logró forjar, sin empuñar espada, la grandeza de una civilización. El libro nos habla desde su ascensión hasta su muerte, pasando por sus estrategias y reformas, en especial espirituales, así como su amor con Citlalmina, el que nunca llegó a consumarse debido a la nueva posición y misión del primero.

Aunque a veces la narración se centra mucho en las luchas militares, se eleva y vuelve más interesante en los pasajes que hablan del azteca entre los aztecas, logrando así acercarnos más a su historia y conocer su grandeza en sabiduría y nobleza. No se trata de una simple biografía, sino de una travesía onírica por el corazón del México prehispánico, contada con una mezcla de erudición, espiritualidad y lirismo.

Deseamos que esta lectura sea para ti, lector de Catemos Arte, como un cacao ceremonial: amargo, fuerte y revelador; un llamado a honrar el espíritu de aquellos que sabían que construir un mundo también es un acto de fe y de fuego; una memoria de nuestros ancestros para saber de dónde se ha forjado nuestra cultura y civilización en «el centro del universo», como se llamaba a la gran Tenochtitlán.

Víctor Daniel López
< VDL >

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