Basada en el filme clásico británico «Monty Python and the Holy Grail», esta comedia de parodia absurda presenta la leyenda del Rey Arturo en su aventura por la búsqueda del Santo Grial con sus caballeros de la Mesa Redonda. Su adaptación en musical fue creada en 2005 por Mike Nichols, con la música de John Du Prez y letras de Eric Idle. Y desde febrero de este año 2025 en México se ha estado presentando una sobre adaptación a cargo de Marc Montserrat, y producida Alejandro Gou, regalándonos lo peor que ha habido de teatro en el país, si es que «teatro» se le puede llamar a esto.
Desde los primeros minutos de esta puesta en escena no escuchamos nada más que ruido, y que se irá extendiendo por casi tres horas en forma de un «musical» en donde sólo abunda una contaminación auditiva. No se entienden bien los diálogos, y mucho menos las letras de las canciones, y lo que se entiende, uno preferiría mejor sacarlo rápido de la mente. La adaptación del texto es tremendamente pobre, irreverente, carece de creatividad y de inteligencia, así como termina siendo políticamente incorrecto denigrando a la mujer.
Esta adaptación se trata de todo menos de comedia, y a través de una historia que no logra en ningún momento despegar. Desde el inicio, se esfuerza por emular la irreverencia británica, pero termina diluyéndose en una serie de chistes locales que carecen de la agudeza y el ingenio del original, pues, aunque intenta mantener la esencia de la obra, se ve sobrecargada por referencias que buscan arrancar risas fáciles, pero que en su mayoría caen en lo predecible y lo trillado.
La producción es grande, eso sí, mucha inversión de Alejandro Gou en cuanto a escenografía, vestuario, tecnología con efectos visuales, y un gran cuerpo de bailarines en escenario. Pero es una lástima que tanta inversión se desperdicie como agua que sólo se deja correr para caer en un pavimento ya empapado de lluvia. Además, la inversión que seguro representó los contratos de un elenco compuesto por figuras reconocidas de la comedia más popular, como pobre, de México, como Adrián Uribe, Omar Chaparro, Adal Ramones y los Mascabrothers, cuyos papeles son los mismos papeles de siempre, por ya más de veinte años, y entonces los mismos chistes, referencias a sus programas televisivos, el mismo tono y la misma porquería de siempre. Más que teatro, nos sentimos más bien dentro de un sketch de «La Hora Pico» de Televisa.
Es así que «Spamalot» de Marc Montserrat, al intentar mantener el tono absurdo y desenfadado de la obra original, termina viéndose muy limitada por una adaptación que no logra equilibrar el humor con la narrativa. El resultado es una obra que se siente forzada y desconectada, cuya música y chistes molesta a los oídos, y que además es machista y sexualiza exageradamente a la mujer a través de su cuerpo de bailarinas (e incluso cabe destacar que el único protagónico femenino es Susana Zabaleta, y no más, el resto puros hombres dizque comediantes).
«Spamalot» se está presentando en el Centro Cultural Teatro 1 como una oportunidad perdida y que nos roba tres horas de vida. Una producción que, en su afán por impresionar, olvida que el verdadero encanto del teatro reside en la conexión genuina con el espectador, en su capacidad de contar historias con honestidad y pasión, así como en el talento dramaturgo y actoral que podemos llegar a encontrar. Sin embargo, algo bueno de obras como estas es que nos hacen valorar aún más el buen teatro, agradecer que exista y nos cure después de ver cosas como esta.
Víctor Daniel López
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