Abdulrazak Gurnah, escritor tanzano, Premio Nobel de Literatura en 2021, ha sido considerado como uno de los mejores exponentes narrativos del colonialismo en África. Sus obras giran siempre entorno a esa lucha de independencia y de separación de las colonias, siendo también una búsqueda de identidad y de pertenencia. En sus novelas refleja la nostalgia, pero también lo que lo ha llevado a él, y a muchos otros, a perseguir la vida en un país ajeno, sea por exilio o por necesidad.
«A orillas del mar» vuelve a ser un canto al recuerdo y en el que, a través de una prosa fina y elaborada, nos hace recrear en nuestras mentes los paisajes tanzanos de los que el protagonista Saleh Omar ha huido para terminar como refugiado en Inglaterra, que se en donde comienza esta historia de tragedia y de pérdidas. Es así que entonces se convierte en un diario de memorias y de conversaciones que dan forma a un poema melancólico sobre el hogar, la ternura, los lazos y la soledad. La lucha imparable por encontrar la tranquilidad y el deseo por alejarse de un pasado de dolor y arrepentimiento.
Saleh Omar nos habla de aquella su isla, Zanzíbar, de donde viene. Y tan pronto conforme aparezcan otros personajes, entre ellos Latif Mahmud, iremos recreando una historia antaña en la que todos estuvieron involucrados y en la que a su alrededor giran secretos que se creían enterrados, mismos que al develarlos, sólo seremos testigos de la mentira, el amor, la traición y el engaño.
Esta es una gran obra narrativa, en la que las heridas pasadas están aún marcadas en el presente, y en la que, a través de una cátedra de historia, bellas postales visuales, y personajes enigmáticos que iremos descubriendo, disfrutaremos de una gran historia y lectura, que conmoverán nuestros corazones. A través de ella, entenderemos las injusticias sociales y políticas, con una era de represión, que se vivieron en Tanzania en aquellos años, al mismo tiempo que observaremos una redención al pasado por parte de los protagonistas, y cómo a veces es necesario reconciliarse con él. Gurnah nos recuerda de esta forma que el hogar no es sólo un lugar físico, sino también una construcción de la memoria y una lucha constante entre el olvido y la añoranza.
«En la quietud de la niebla inglesa y el susurro de las olas, Gurnah nos recuerda que el exilio no es solo un viaje físico, sino un desplazamiento del alma. Y que, en cada historia contada, hay un intento desesperado por anclar nuestras raíces en un suelo que nunca deja de moverse.«
Víctor Daniel López
< VDL >


Deja un comentario