Este es el estreno de Fidelio por primera vez en las transmisiones del MET de Nueva York. La única ópera que compuso Beethoven, Fidelio o El amor conyugal. Fidelio, en realidad Leonore, una mujer disfrazada de hombre, está infiltrada en una prisión de España del Siglo XVIII, buscando a su marido, quien está encarcelado en un calabazo, como preso político. La mujer rescatando al hombre, y la música rescatando al alma. Esta ópera es mucho más que lo que se muestra a simple vista: es la propia vida de Beethoven, quien de chico vivió encarcelado en la prisión y el maltrato de su padre. Aquel hombre incomprendido, rechazado por las mujeres y la sociedad, viviendo en su propia sombra. Pero también uno de los primeros, en la historia de la música, en componer para él, y no para otros. Beethoven es uno de los máximos representantes del movimiento del romanticismo: el hombre en búsqueda de los ideales de la libertad, la fraternidad, la revolución y el amor. Y Fidelio es todo eso. Su mensaje de amor filial se une con su discurso político, un mensaje que hoy, más que nunca, vuelve a cobrar mucha fuerza y que es necesario ante el resurgimiento de los gobiernos totalitaristas de extrema derecha con ideas fascistas y de intolerancia. Además, esta puesta en escena a cargo de Jürgen Flimm tuvo una poderosísima simbología social y política con su dirección artística, con una unión internacional de cantantes de más de siete países, la dirección concertadora de Susanna Mälkki (que afortunadamente la mujer va tomando más poder en la ópera), y por situarse a la orquesta frente al escenario y no en el foso (como pocas veces sucede). Además, el fuerte mensaje del presentador Ben Bliss que dirigió al gobierno de Trump y a la guerra en Europa. Y así, de esta manera, vemos entonces cómo la ópera puede convertirse también en un acto social y político. Y Fidelio y Beethoven y el movimiento romántico es justo ese grito para combatir la opresión. La sociedad está perdida, pero sólo se perderá más si se cree en el odio como camino. Fidelio, y su música, que está compuesta más como sinfonía que como ópera, nos enseña que la fraternidad es el camino. Que el ser humano merece ser libre, y amar. Fidelio tal vez no sea la gran ópera, pero su música y mensajes son sublimes. Sabemos el destino fatal de Beethoven, sus decepciones políticas y sentimentales, pero luego su capacidad para encontrar la reconciliación consigo, y entender que nadie lo iba a salvar excepto él mismo. Y como dice Gerardo Kleinburg: «tal vez Beethoven se tuvo que quedar sordo, para que nosotros aprendiéramos a escuchar (a través de su música)”. Fidelio sigue siendo un tema actual, y lo será por siempre. Habla de nosotros, de nuestras emociones, y de las sociedades en que vivimos.
Víctor Daniel López
< VDL >
«El verdadero amor no conoce temores.»

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