La escritora Cabrera Espinosa nos regala esta colección de relatos, a través de Fondo de Cultura Económica, para sumergirnos en un mundo ficticio, pero a la vez tan palpable que somos capaces de conmocionarnos y estremecernos, con historias que reflejan la nostalgia, pero también los miedos; vivimos en los personajes que nos muestran sus vidas en las que lo inesperado y lo aterrador son el eje principal por donde orbitan las palabras.
Doce relatos componen «Los desterrados», y uno de ellos es el que da nombre al título de la colección. Una historia sobre un grupo de niños en la etapa justo en donde se dirigen hacia la adolescencia (y los monstruos que imaginamos afuera en realidad son los que habitan adentro). ¿Cuáles son nuestros fantasmas, nuestros más íntimos deseos? Claudia responde en las otras historias que continúan, así como habla también de la muerte y la imaginación, como la enfermedad (en uno de sus cuentos más deliciosos, titulado «La sala de espera» y con una de las líneas más bellas del libro: «yo me fui un rato hacia la ventana a ver el pirul; debe ser el árbol más triste del mundo»).
Pero no todo es tristeza o terror, uno también ríe, como con «Cartas a la administración» en donde nos presenta a manera epistolar la historia de un vecino que vive en un condominio y escribe cartas a la administradora quejándose de los inquilinos del piso contiguo. Bien podría ser cualquiera de nosotros. Y eso es lo que tienen las historias de Cabrera Espinosa: que todos hemos vivido, de una u otra forma, algunas de las escenas presentadas en los doce cuentos que conforman esta antología.
«Los desterrados» habla de lo cotidiano, pero también de lo que se esconde tras la conciencia. Habla de secretos y de revelaciones, de locura y aflicciones.
Víctor Daniel López
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