Hay leyendas, y existen figuras como Bob Dylan. Músicos que han logrado traspasar el lenguaje para convertirlo en el arte de acariciar las palabras, moldearlas como si fueran de barro, y ofrecerlas al mundo dentro de una envoltura sutil y poética capaz de despertar los sentimientos, pero también las ideas de una sociedad que quiere rebelarse en contra de los males que la aquejan, como los gobiernos, las represiones y las guerras. La década de los sesentas se caracterizó por hacer de la música un arma para protestar, pero también para hablar sobre la hermosura que habita en el corazón de los hombres. La época del folk y del country. En esta película de James Mangold, que no es una biopic, porque no retrata la vida del compositor americano, sino meramente un lapso pequeño, pero quizá el más importante, nos acercamos a ese tiempo en el que el country era la música por antonomasia de la protesta, la que organizaba festivales y lograba reunir a miles de espectadores para cantar al unísono. Bob Dylan conoce a su ídolo, Woody Guthrie, y a partir de ese encuentro, y con el apoyo de Pete Seeger, comenzará su carrera exitosa como uno de los músicos y cantautores más importantes de aquel tiempo. Timothée Chalamet hace su mejor papel hasta ahora, con una actuación tan extraordinaria que pareciera que no lo estamos viendo a él, sino que vemos al mismísimo Dios Dylan. Dylan hablando como Dylan. Dylan cantando como Dylan. Sus gestos, su tono de voz, su mirada. Chalamet aprendió a tocar la guitarra y la armónica, y a cantar, para que nada fuera sobrepuesto. Escuchamos en “A Complete Unknown” las canciones más representativas en versiones bellísimas, como “Blowin’ in the Wind”, “Mr. Tambourine Man”, “Girl From The North Country” (una de mis favoritas), “Maggie’s Farm”, “House of the Rising Sun”, “Like a Rolling Stone”, y más. El filme, además de hacer una tesis sobre la evolución de la música, y cómo Dylan quiere adaptarse a los cambios, experimentando después del folk y lo country, en lo eléctrico y el rock, nos muestra también su relación con Sylvie Russo (Suze Rotolo), interpretada por otra grandiosa Elle Fanning, y también su relación, considerada como una de las mejores mancuernas musicales en ese entonces, con Joan Baez (otra actuación grandiosa: Mónica Bárbaro). Dylan y Baez hacen del amor, música; y de la música hacen amor. Se sumergen en un viaje que los llevará al autoconocimiento, pero que terminará en una rivalidad a causa de los nuevos intereses de Bob Dylan por la transformación que está teniendo su música. Ésta no es una biopic, y quizá no es una película que termine disfrutando todo público. Va para los conocedores de uno de los músicos más grandes que ha dado nuestro planeta, uno de los poetas enormes, ganador del Nobel que no acudió a la ceremonia, rechazándolo, que sigue componiendo y sigue protestando, que sigue presentándose en los escenarios, cantando hasta quedar sin voz. Bob Dylan es alguien que jamás se ha traicionado, a pesar de también haber evolucionado. Y esta es una película que, si bien no es una obra maestra del cine, cuenta con actuaciones maravillosas y una banda sonora que emociona y hace llorar. Porque sabemos lo que aquellas letras significan. Porque también sabemos de la lucha y la protesta, de la vida y el amor. Las cosas son cosas que vuelan con el viento, y nosotros, los hombres, piedras rodando, sin nombre, dirigiéndonos hacia alguna dirección desconocida.
Víctor Daniel López
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