«Albert» es uno de los extraordinarios cuentos de Tolstoi en el que, como en cada obra suya, hace énfasis a través de una historia los valores que para él, como escritor y como persona, son importantes. La literatura como filosofía, y también como ética, pero más una psicología poética para desentrañar el ser, y como médico de lenguaje que es este, uno de los más grandes de la literatura universal, cercenar los pensamientos de los protagonistas para explicar sus actos. Y entonces, se cuentan, no hechos, sino emociones. Albert es un mendigo que posee el don de tocar el violín hasta llevar a las lágrimas de los que presencien ese acto de comunión con la música. Lloran porque recuerdan; las notas en la música son como los aromas: nos llevan al pasado. Albert conmueve y causa la admiración de los otros, pero también lástima, pues es un alcohólico que cuando no toca su violín, se embriaga hasta perder la noción. No le importa andar sucio, dormir en donde caiga, andar sin rumbo. No le importa porque eso le inspira a seguir creando música. Delésov, una de las personas que presenció su acto en el bar, se conmueve tanto que de pronto surge en él el deseo de salvar a ese hombre. Pero es que a Albert no le importa ser salvado, le importa sólo la música, la magia, y la vida. Bellísimo cuento que Fondo de Cultura Económica pone en su colección «Vientos del Pueblo» con la traducción de Selma Ancira.
Víctor Daniel López
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