El segundo libro del escritor chiapaneco, Delmar Penka, es verdaderamente una joya. Un ensayo íntimo, personal, poético. Sublime hasta tocar el recuerdo y la ausencia en todas sus formas, con el dolor que conlleva, y la tristeza, la nostalgia. Porque la ausencia es un vacío que se siente, por lo que ocupa espacio; es un sentimiento que nace de la impermanencia de otros. Por tanto, a veces es la misma cosa que cambia, se transforma en otra.
“Las formas de la ausencia”, escrito en idioma tseltal con su traducción al español, navega por la memoria del autor, trayéndonos los recuerdos de su bisabuela, familiares y amigos. Experiencias de su vida en donde, a través de ellas, explora ese término que habla del no estar y sin embargo estar. La melancolía de los días y las palabras en su tierra, las frases que le quedaron guardadas, los tesoros dentro de su corazón, que por más que se hayan extinto sus colores, siguen brillando, y perduran en los días que se hacen eternos, mientras otros fueron breves en la sensación del recuerdo”
Delmar Penka es un autor joven, prometedor, sin duda, que utiliza la pluma como cincel en mármol para dar formas a sus sentimientos y crear esculturas que son capaces, como Galatea, de cobrar vida, y hacernos llevar por parajes en donde podemos sentir la expresión de sus ideas a través de una mirada llena de sentimiento, de recuerdo, y de belleza.
La muerte, la separación por decisión, la migración, el suicidio y los espíritus malignos que arrebatan a las almas inocentes. Son temas que aborda Delmar Penka, en capítulos para cada uno, con sus propias vivencias, o ajenas, pero de su gente. Un ensayo como si fuera diario. Un diario como si fuera un cuento. Y toda una obra como un poema hermoso cuyas líneas arrebatan los suspiros, para hacernos sentir lejos, pero juntos, porque todos hemos perdido algo, y porque la ausencia es un lugar en el que siempre hay cabida para más. Y si se pudiera visitar, tal vez nos acostumbraríamos a pasar la eternidad allí.
Víctor Daniel López
< VDL >
«La ausencia es un lugar extraño donde muda todo lo que ya no está con nosotros: las cosas, las personas, la compañía, las caricias, las palabras. Podría pensarse que dicho lugar es como una casa sin ventanas en la que jampas se filtra la luz ni el calor de ninguna fuente. Un lugar en penumbras y desolado, sin puertas para que nadie pueda escapar de su irremediable destino. Pero la ausencia también es un sitio donde permanece todo lo que nunca logramos desprender por completo, pues aquellas cosas nos recuerdan cuánto ha valido la pena amar, reír y llorar. Allí permanecen siendo una luz dentro de la oscuridad. Se anclan a nuestro ser. Ese lugar que no se encuentra en el subsuelo ni en el limbo ni el firmamento: está edificado dentro de nosotros. Así las ausencias se transforman en fantasmas y dioses, tormentas y paraísos.»
Delmar Penka


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