Hermosa colección de pensamientos de la escritora brasileña Nélida Piñón, quien utiliza la pluma para convertirla en un ballet de cuadros escénicos, como los de Edward Elgar. Cada pincelada, una historia. Que reflejan su historia propia. Trazos cargados de una nostalgia a causa de su peregrinación continental, nostalgia por sus tierras de donde viene, y las tierras a donde llegó. Ser extranjera del mundo, pero al mismo tiempo, residente del océano que une sus dos continentes. Palabras llenas de una añoranza por aquellos paisajes gallegos, y su amado Río de Janeiro, siempre tan mágico, bello, tan llena su infancia de luz. Pontevedra, de donde viene, de donde vienen sus viejos. Y los días que allí vivió, entre las rías y el verde y su gente que tanto amó. El Brasil que la acogió, y ese país del que nunca se desprendió. Las lágrimas corren a través de sus líneas, casi como una declaración de amor a todas las cosas que amó. Las que perdió. Aquellas que siguen siendo suyas, a pesar del tiempo, a pesar de la distancia, a pesar del olvido. Es así que, con esta prosa exquisitamente elaborada, dulce, delicada, Nélida nos transporta a sus días libres y a sus días de sombra. Reflexiona acerca de su pasado. Piensa en su porvenir. Nos entrega sus pasiones y sus miedos. El amor por el arte, la mitología griega, la ópera y la naturaleza. Una confesión sobre todo en lo que ella cree. Un hermoso libro para tocar sus pensamientos, y esas furtivas lágrimas que se asoman al rostro: a veces de felicidad, otras de dolor. Pero siempre, de asombro.
Víctor Daniel López
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