Déjame hablar de nuevo con tus piernas.
Jugar ese juego de palabras en el que intentábamos crear un lenguaje nuevo, allí adentro, mientras afuera el mundo reventaba de suspiros y de párpados.
Déjame construir castillos de arena con tus piernas,
esquivar las olas con tus pechos.
Moldear todo tu cuerpo
como si de barro fuera,
y cual si fuera yo un Dios,
ateo de mí mismo,
pero ferviente creyente
de tus besos en la cama.
Entrar a los jardines secretos de tus ojos.
Besar tus hombros.
Absorber ese jugo dulce de melocotón.
Embriagarme. Ser vino en el cántaro del hueco entre tus manos.
Permite atarme a tus piernas.
Encogerme hasta ser hormiga
y dejarme sucumbir ante una noche infinita que se quiebra arriba,
se cae a pedazos,
abriéndose los mares
como se abren tus piernas
dejando entrar a un hombre
que busca liberar a su pueblo
de la soledad
y la ventana.
Regálame tu sonrisa,
que a través de ella reconozco la lengua
que me hará de nuevo hacer hablar con tus piernas.
Víctor Daniel López
< VDL >

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