Ha llegado la traducción al español de la novela más reciente de Murakami, a través de la editorial Grupo Planeta, bajo su sello «Tusquests»: «La ciudad y sus muros inciertos». En la portada vemos a un hombre pequeño frente a una mujer gigante, dormida, como un mural, o grafiti, tal vez un Banksy. El hombre perdido en la profundidad de sus sueños para intentar descifrar el misterio que habita de la verdad en ellos. Murakami pareciera ser, además de escritor, filósofo, pues usa su narrativa como recurso para explorar ideas nietzscheanas, o que a veces giran en torno al nihilismo, otras al psicoanálisis. En esta, su más reciente novela, aunque afirma desde hacía décadas haber escrito la primera parte como una historia que quedó inconclusa, el autor ha vuelto a ella tal vez para explorar su propio subconsciente del pasado. Vemos a un joven protagonista que nos habla de una chica de la que se ha enamorado de joven, que ha desaparecido, y ha pasado toda su vida persiguiéndola hasta dar con ella. Nos habla de una ciudad imaginaria, incierta, escondida entre muros; aquella ciudad de la que aquella chica le hablaba tanto hasta que quedó en él grabado cada trazo, como un mapa exacto en la memoria. Una ciudad a la que sólo puede accederse a través, quizá, de los sueños, y si uno es capaz de dejar su sombra para atravesar la puerta, único acceso, que da paso a la ciudad. La mujer que se esconde entre los sueños y las sombras, y el hombre que anda en búsqueda de ella, tal vez sólo tratándose de un autodescubrimiento. Lo real y lo imaginario se trastocan, como siempre en los mundos de Murakami. Y hay que leer entre líneas para sacar las verdades de los muros, y eso, habrá otras que quedarán ocultas en el intento. Hay una gran similitud entre esta novela y «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo», pues en ambas se hablan de pozos y oscuridades, y verdades afiladas que asechan en la oscuridad esperando a que las descubramos. La primera parte de «La ciudad y sus muros inciertos», de tres que son, me atrevería a decir es la escritura mejor lograda y pulida de Murakami. Jamás había leído líneas tan elegantemente poéticas en una obra suya. El ambiente narrativo, además, hace sentir esa melancolía del mundo de las sombras al que se refiere el protagonista, como un castillo sin salidas, laberíntico, con unicornios que en invierno mueren y en primavera se pelean por aparearse. La búsqueda de esa chica misteriosa (como ya muchas veces se nos ha presentado), ese mismo leitmotiv recurrente en varias de sus obras, y la aparición de personajes que de pronto emergen como comendadores. Sin embargo, entre la primera parte y las dos posteriores, hay, literal, un mundo de diferencia. Se nota el cambio poético que sufre un estilo y otro (tantas décadas en medio), y que, además, en cuanto a historia, se va cayendo un poco. Varios personajes y hechos quedan suspendidos en el aire. La historia pareciera terminar siendo otra, y el final deja un poco quedando a deber. Sin embargo, a pesar de ello, es una de las obras más redondas del maestro japonés. Es un jazz para disfrutarse, con esas improvisaciones de pronto, pero con instrumentos que tocan sus notas con armonía y sincronización. Y repito, la descripción de esa ciudad imaginaria, o tal vez la única verdadera, reúne las mejores líneas de todo el conjunto de obras de Murakami.
Víctor Daniel López
< VDL >


Deja un comentario