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Beetlejuice, the musical, the musical, the musical!

Beetlejuice,
Beetlejuice,
Beetlejuice…
y la magia cobró vida en forma de musical. El demonio más querido por el público. Una historia de Michael McDowell y Larry Wilson. Una película que ya es cine de culto, con la dirección de Tim Burton y la inolvidable actuación de Michael Keaton. Ahora, desde 2019, ha aparecido esta nueva versión de Broadway en forma de musical, y llegó a México tan sólo unas semanas con la producción y elenco original. La gente, en el teatro, en una adaptación muy respetada a la del filme, grita el tercer nombre de Beetlejuice para verlo aparecer, y cuando éste hace su entrada, los aplausos revientan, junto con los gritos, pareciendo que la gente ha acudido allí con el deseo innato de morir. La irónica analogía de una historia que, si se leyera tan sólo la sinopsis, pareciera ser de terror, pero al sentirla, sea en la película, sea en esta obra con la composición de Eddie Perfect y con un libreto de Scott Brown y Anthony King, nos agasajamos de humor, de música y de creatividad. Con una dirección de escena muy alineada a la estética de Tim Burton, y que se agradece enormemente, nos adentramos en ese mundo amorfo y misterioso que no es otra cosa más que una representación de la muerte. La escenografía es maravillosa, cambia a cada momento, como si fuera la misma casa la protagonista de la obra, fuera el monstruo, el purgatorio. La historia sufre de algunos cambios, enfocándose más en el dolor de Lydia al perder a su madre, la negación y la búsqueda de respuestas. Algunos personajes nuevos también intervienen, y cambia un poco el orden de escenas. Y es que este musical trata sobre la muerte, lo dice Beetlejuice al principio, y aunque pareciera ser una comedia, en realidad es mucho más. Es una reflexión sobre la muerte y la soledad. Un banquete entre la vida y el más allá. La aceptación y la lucha contra los demonios internos. Los actores protagonistas, Justin Collette e Isabela Esler, hacen una mancuerna estupenda. Encarnan los personajes en todo su color. El cuerpo de baile le da ese toque carnavalesco sin perder el estilo gótico-Burton. Y entonces se hace de esta obra icónica una fiesta entera que se disfruta en todo momento. Este es un musical lleno de sátira y de irreverencia, pero que al final gusta a su público, porque es otra forma de hablar de la muerte. Nadie se salva, y por más que repitamos tres veces los nombres de nuestros muertos, no vuelven. Mientras tanto, tenemos la vida, y el humor. Podemos divertirnos un rato, y para ello, podemos gritar para que nos acompañe
BEETLEJUICE
BEETLEJUICE

Víctor Daniel López
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