Excelente novela corta que sorprende por una economía del lenguaje sin dejar de ser audaz y original. Hermann Bellinghausen, quien se ha dedicado especialmente a la crónica periodística y a la poesía, en esta su primera novela logra demostrar una maestría también en contar una historia en donde la ficción predomina a través de personajes hilarantes y sucesos espontáneos que van conectando los puntos que el autor nos va presentando. La técnica narrativa utilizada aquí es realmente creativa y superior, mezclando la tercera y primera persona de una forma acertada y coherente, que nos lleva a conocer la historia desde un punto impersonal, pero también lo que sucede dentro de la mente de algunos. Su mano periodística le dota un estilo poético-cronista que hace de esta ser una novela bien escrita, y que nos cuenta una historia de encuentros inesperados, de rescate y escape. El encubrimiento, y dentro de éste mismo, el amor que nace en los ojos de quien custodia. Los amores no correspondidos y la persecución de un hombre corrupto y matón que ha perdido a su mujer después de haberla golpeado brutalmente y haber sobrevivido. Estas serán las consecuencias que van llevando a sucesos más extraños y a saber las historias de los personajes secundarios y terciarios. El lenguaje en los diálogos es potente, derivado de las vivencias del autor, cuando de joven vivió veinte años en las montañas de Chiapas durante el levantamiento del movimiento zapatista. La influencia del realismo mágico también se siente sutilmente presente, en el chamanismo o en la niña que dice creerse libélula, y vuela, y entonces también la metamorfosis de Kafka. “Una fauna de la ciudad”, afirma Bellinghausen es el tema principal de su novela. Parecida a una jungla de bestias salvajes, pero a la vez cómicos e impredecibles, que nos hacen sentir varias realidades que se viven afuera en la ciudad, de noche, en la actualidad. “Extraños en el parque” es una obra original, quizá una de las mejores revelaciones del año por parte del Fondo de Cultura Económica. Nos hace sentir ajenos, con culpa de estar mirando tan de cerca y con tanta intimidad las vidas tan privadas de los personajes; pero a la vez nos hace sentir allegados a ellos, entenderlos, y hasta conversar con ellos.
Víctor Daniel López
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