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Catarsis en Cata
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Película «Tuesday» de Daina Oniunas-Pusic

Hermosa fábula sobre la muerte y el dolor. Un viaje de fantasía por el que vamos pasando a través de las distintas etapas del duelo. Una historia original, como no se había mostrado, en la que la muerte es representada por una enorme guacamaya a la que le toca el turno de llamar a la puerta de una chica de quince años que se encuentra en fase terminal de cáncer, pero que al entablar una conexión con ella, decide concederle un pequeño instante más, lo que permite a «Tuesday» reflexionar acerca de su vida, pero también irse acercando a la muerte sin miedo, para comprenderla, y al mismo tiempo que la muerte reflexiona sobre ella misma. El duro trabajo de presentarse para anunciar la última campanada, vislumbrar el último rayo de luz, para despedirse de todos y de uno, y viajar si es que hay viaje que recorrer, o desvanecerse, si no hay nada más. La madre de Tuesday, protagonizada por Julia Louis-Dreyfus, no acepta la anunciación, no permitirá recibir a la guacamaya. Lucha contra ella, trata de desaparecerla, la incendia, se la come. Y creyendo así haber terminado con ella, la madre es que termina convirtiéndose en la nueva muerte. Sólo así comprenderá la importancia que tiene. Aquellos pensamientos de los hombres moribundos no la dejarán descansar, porque para muchos, la muerte es una demanda, no una sorpresa en desgracia. A otros, en cambio, sí causa desconcierto y negación, pero igual es necesaria: la muerte es parte de la vida. Sólo entonces Tuesday (Lola Petticrew), y su madre, emprenderán un viaje en donde compartirán sus últimos momentos juntas, mientras se adentran en el más profundo conocimiento sobre la muerte. Y la entienden, la aceptan. Este es uno de los filmes más tiernos, con toques surrealistas y guion original, que mejor han sabido hablar sobre el tema. Una lucha de superación. Conmovedora. La escena final es poderosísima en su mensaje. Uno llora, porque todos tenemos a alguien que hemos perdido, y seguirá sucediendo. Ese último encuentro entre la guacamaya y la madre es más que bello, antes de marcharse por la ventana a volar, y dejarla a ella sola, hasta el próximo encuentro. Mientras tanto, uno no debe esperar. Uno sigue. Y ya.

Víctor Daniel López
< VDL >

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