En las luces de la ciudad veo tu nombre escrito en blanco. En las fuentes, el agua corre por los labios de unas calles desgastadas por el tiempo, pero hermosamente iluminadas por las luces de farolas que parecen incendiar las sombras de transeúntes que han conocido acerca del silencio, del amor y de la noche. El aire frío se detiene en los árboles, y los hace danzar; una coreografía con telón de fondo los edificios que se alzan hasta tocar el cielo (¿o la tierra?). Y los automóviles de madrugada, sus luces, más luces. Los sonámbulos, y los que dormidos deambulan por las calles. Los charcos estancados de nostálgicas lluvias del pasado, y los murmullos en secretos atrapados en kioscos de ilusión temprana y de esperanza.
El verano hace arder todas las cosas, y hoy, la ciudad, se rompe de belleza.
Víctor Daniel López
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