Hay un pájaro que da cuerda al mundo. Hace ric-ric. Canta, escondido entre los árboles, desde un lugar en donde no llega la luz. No todos lo escuchan, sólo aquellos que prestan suma atención a las cosas, detenidos, en silencio, dedicando todos sus sentidos y el tiempo necesario a simplemente observar. El pájaro chirría para hacer correr los ríos y que existan los mares, para que cada mañana amanezca, para hacer girar el mundo y hacer que las cosas sigan andando; las manecillas y las historias y todo lo que sucede arriba y abajo; sobre la piel, y lo que habita en la sangre. Siempre he creído que Murakami, además de escritor, es filósofo. Se adentra en el interior de sus protagonistas para descubrir las cosas que yacen a la sombra, desconocidas, y a través de ello, nos hace reflexionar y vernos en sus personajes, y así, en lo que acontece, nos hace reflexionar, preguntarnos una y otra vez, casi en un intento de psicoanálisis para hacer emerger lo oculto y entonces ser sinceros con nosotros mismos. En este libro, para muchos considerada su mejor obra, o la más trabajada, el escritor japonés nos trae la historia de Tōru Okada, quien en paro y dedicada su vida al hogar y a esperar a que las cosas sucedan, sufre un cambio de vida al perder de pronto a su gato, seguido de su mujer quien, aparentemente, lo ha dejado por otro hombre. Igual que el gato, se ha marchado sin dejar rastro ni pista de su paradero. Okada se queda solo, y mientras fuera de su mundo corre el tiempo y el mundo, él comienza a escuchar a aquel pájaro que chirría y hace ric-ric y lo llama desde un lugar en donde solamente si se tiene el coraje de entrar, se podrán encontrar las respuestas no sólo que permitan dar con su mujer, sino que permitan dar con uno mismo. A la vida de Okada comenzarán a llegar personajes enigmáticos en situaciones extrañas, y él permitirá que entren a su vida, se adentrará en sus historias, que al final es su historia, la misma historia (la de los demás y la propia). Se permitirá observar, se forzará a salir para poder entrar. Descubrirá un pozo en la casa abandonada, y en donde yace aquel pájaro-que-da-cuerda-al-mundo, que, como fuerza de gravedad, lo empujará al fondo de él, para sumergirse en una oscuridad que, sólo allí, le permitirá ver cosas que a la luz le eran imposibles. La realidad entonces se mezclará con los sueños (el estilo onírico tan único de Murakami siempre presente). ¿Qué será real, qué serán sus sueños, qué ideas, qué pensamientos, qué acontece y qué deja de acontecer? Historias dentro de las historias, y todo parece entonces confuso, pero nada lo es, puesto que en aquel mundo al que da cuerda un pájaro oculto las cosas siempre están conectadas y tienen su razón de ser. Este es un libro lleno de simbolismo, al que hay que prestar atención a cada detalle y secreto que se nos revela. No es un libro difícil de leer, pero sí difícil de pensarse. Y hay que estar dispuestos para bajar al pozo, dejar que la oscuridad nos nuble la vista, abrir los ojos y estar atentos, para sólo así permitirnos escuchar, aunque sea a lo lejos, aquel canto de pájaro extraño que algo trata de decirnos. Algo que puede ser importante, o no, pero que son cosas que se tienen qué decir. «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo» quizá no sea una obra maestra, y no sabría decir si es mi favorito del autor, pero en definitiva es una novela que debe de leerse. Es una terapia, si se toma en serio. Si no, sólo será una crónica más.
Víctor Daniel López
< VDL >


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