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Catarsis en Cata
de Vino y Arte

«Bajo el volcán», Malcolm Lowry

Bajo el volcán. Los volcanes de Puebla. A las faldas, en donde la nieve no llega. A lo lejos, al oeste, en la antigua Cuernavaca. Ahí es la locación en la que el propio Malcolm Lowry vivió un tiempo, periodo en el que intentaba rescatar su tóxica relación con Jan Gabrial. Había tocado ya fondo en su alcoholismo, hasta había sido internado en Bellevue. Su amor con aquella mujer jamás sanó, y él terminó de entregarse a su perdición. Allí, en Cuernavaca, a lo Chavela Vargas. Después, en Oaxaca. Su obra más famosa, «Bajo el volcán», y no sólo eso, sino considerada la más importante del siglo XX literario, nos acerca a aquellos días de lucha por recuperar lo perdido, por encontrarse, recuperar a la mujer que ama; pero como no puede, se entrega al tequila y al mezcal hasta terminar ahogado todos los días en una turbulencia que llega a tocar los infiernos. Abre la tierra, desciende al fuego. Geoffrey Firmin, el protagonista, el mismo autor, ha sucumbido ante la histeria de no lograr salir de aquella oscuridad, por más que desee. Los volcanes, a lo lejos, y las calles de Cuernavaca, de México, de Oaxaca, nos hablan con una prosa que hasta pareciera también estar ebria, ebria enamorada, que endulza los oídos, y nos hace sentir también bebidos de alcohol. Su exmujer Yvonne, y su hermanastro Hugh, son la causa de su delirio. Locura efervescente que expira mezcal. Esta es una novela sobre la caída del hombre, el descenso al inframundo de las pasiones, y la derrota ante las adicciones que terminan por cegarlo a uno. Por el recorrido de estos capítulos somos capaces de sentir esa sed, sufrir la resaca, inyectarnos tequila en la sangre para que las palabras y los pensamientos puedan correr como bestias enfurecidas. Todo esto con la celebración del Día de Muertos como telón de fondo. La fiesta y el jolgorio. Los fuegos y los toros. Me recuerda, por muchos momentos, a la majestuosa «Fiesta» de Hemingway y sus Sanfermines de Pamplona. La melancolía y la soledad, después de la fiesta y la compañía. Los monólogos internos me traen a Virginia Woolf y a Joyce. Todo, con su estilo único. Embriagante. Delirante. Esta, sin duda ni temor a equivocarme, es una verdadera joya, maestra literaria.

Víctor Daniel López
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