Los mundos inmóviles retomaron su rotación, y todos los planetas giraban cuando se fueron las luces y apareció Nacho y su banda, que más que eso parecen hermanos, amigos, amantes. Con N.V. la música y poesía se unen siempre. Sus letras, qué letras son. Llegan a las entrañas. Con música revienta el alma. Comenzó a llover, y todos empezamos a recordar las cosas que hemos querido tanto en la vida, haciendo regresar de esa forma, en coro, el don de la ternura para curar todos los males del mundo. Ser árbol, porque para ver el cielo hay que hundirse en la tierra. Vivir en la ciudad más triste que se pudo proyectar, y entonces salir a cazar vampiros en una noche que no acaba. La música llega a abrir el corazón, pero también es una forma de revolución. Música antiimperialista, música anticapitalista. En un tiempo en donde ocurre una guerra al norte de Europa. La sangre en Palestina, y golpes a la democracia en Latinoamérica, todo respaldado y financiado siempre por Estados Unidos. La música de Vegas ha sido también un grito, su influencia viene de América Latina. Es de izquierda. Sus acordes y letras son homenajes a Violeta Parra y Víctor Jara. Nacho es un activista, una leyenda que casi conoció a Michi Panero, y que aún hoy le duele España, los gobiernos de ultraderecha que están resurgiendo en el mundo. Por eso su música trata siempre de ser puño alzado, una revolución de claveles mientras las brujas se comen a los niños. Pero también son emociones, son recuerdos. Es amor y es odio. Viene de las vísceras. Logra ser capaz de compartirnos hasta lo más íntimo y profundo de él. Las cosas que lo elevan, pero también cuando ha llegado a tocar fondo. La muerte de su padre, las muertes de sus amigos. Nos lo comparte y nosotros lo recibimos, nos lo adueñamos de alguna manera. Así, todos junto con él, esta noche gozamos y sufrimos, nos reconciliamos, mientras afuera estallaba la gran bomba final. Y entonces, en un momento sin más, algo de pronto surgió. Sentimos haber llegado a un acto de comunión, en donde todos ya éramos sustantivo en común. Alcanzamos el éxtasis. Y sin saber cómo, hacia el final tremendo, el orgasmo, todos, sin más, nos encontramos de pronto llorando. El de a un lado, el de frente, el de atrás. Sin habernos dado cuenta, todos, absolutamente todos, estábamos llorando. Nos quebramos, se nos rompió el alma. Nos estábamos desangrando. Había aparecido el dolor. Todas las heridas que esta noche cargábamos, cualesquiera que fueran para cada uno, de pronto nos dolieron hasta el fondo. Nos abrazamos entre desconocidos, y seguimos llorando, hasta salir del recinto, cuando la noche se nos vino encima, como agua. Así era, y así es. Así será. Porque entre el dolor y la nada… siempre… siempre… siempre… elegiremos el dolor. Así es Nacho. Así nos lo dio todo. Un artista completo. Puto amo. Máster del universo.
Víctor Daniel López
< VDL >


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