Momento histórico para la ópera mexicana. «Florencia en el Amazonas» de Daniel Catán, después de casi treinta años de su estreno, llega a una de las casas de ópera más grandes del mundo: El MET de Nueva York, siendo así la primera ópera mexicana en presentarse ahí desde que se creó en 1880. Una historia de Marcela Fuentes-Berain, quien con todo el realismo mágico de García Márquez, homenajeándolo, e incluso trabajando de la mano con él, nos lleva a navegar por el río Magdalena, como en «El amor en los tiempos del cólera», a bordo de la embarcación «El Dorado», en la que viajan personajes que nos presentan diferentes facetas de la vida y el amor, y cuyo destino final es Manaos, pasando toda Colombia hasta llegar a Brasil, a mitad del Amazonas, para así poder ver la presentación de Florencia Grimaldi, una soprano que alcanzó la cima del éxito y quien también viaja de incógnita, esperando reencontrarse con Cristóbal, un joven cazador de mariposas con quien vivió un gran amor hace tiempo pero que no ha vuelto a saber de él después de haber desaparecido en la selva, como si esta se lo hubiera tragado. Toda esta es una travesía para conocer, no el horror, como en «El corazón de las tinieblas», sino la belleza y la libertad. La música nos sumerge en la naturaleza que vive en la selva, el nacimiento del sol y la tormenta. El sonido de los animales y el sonido de los sentimientos de un amor que se busca, se persigue; se encuentra para perderlo. Se libera y uno se reencuentra. Y entonces todo sigue fluyendo, como el río, como la música que fluye, los instrumentos y las notas, en una corriente melódica que endulza los oídos y nos regala arias hermosísimas (no por nada a Daniel Catán se le ha llegado a nombrar cómo el Puccini latinoamericano). Esta ópera es magia, todo en ella: el libreto, la orquesta, las voces, la melodía. La ópera en realismo mágico que habla sobre las cuatro cosas más importantes en el hombre, y de las que siempre se seguirá hablando: el amor, la soledad, la muerte y la libertad. El último viaje, tal vez. Y referenciando las palabras del propio compositor: «“Es, creo, la historia del viaje de regreso que todos emprendemos en un momento determinado de nuestras vidas: el momento en que miramos hacia atrás a lo que una vez soñamos ser, y luego nos enfrentamos a lo que nos hemos convertido ahora.” Esta es una ópera que no le pide nada a las mejores. La ópera mexicana está de fiesta. Pasó a la historia.
Víctor Daniel López
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